DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
El Foro Nacional de Jóvenes (FNJ) es un espacio plural de debate y reflexión
política promovido por la Fundación Friedrich Ebert (FES) en Bolivia,
donde participan hombres y mujeres jóvenes de diferentes organizaciones
políticas y colectivos ciudadanos. En sus encuentros, el Foro ha abordado
una serie de temas vinculados con la(s) democracia(s) en el país, las distintas
visiones y prácticas existentes en torno a ella(s), sus avances, problemas,
contradicciones y desafíos.
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
DEMOCRACIAS EN
DISPUTA Y EL HORIZONTE
DE LA DEMOCRACIA
INTERCULTURAL
CONSTRUYENDO ESCENARIOS
PROSPECTIVOS
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
Democracias en disputa y el horizonte de la democracia intercultural
Construyendo escenarios prospectivos
Primera edición: Agosto de 2019
© FES Bolivia
www: fes-bolivia.org
Mail: info@fes-bolivia.org
Teléfono: 591 2 2750005
La Paz, Bolivia
Depósito legal: 4-1-2338-19
ISBN: 978-99974-0-922-5
Sistematización: Jimena Avejera Udaeta
Facilitación del proceso: Francisco Canedo
Edición: Hugo Montes
Diseño de tapa: FES
Diagramación e impresión: Revolution Print
La Paz, Bolivia
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
INDICE
Presentación 5
1. Introducción 7
2. ¿Dónde estamos? Las democracias en Bolivia, hoy. 8
3. Las fuerzas motrices de las democracias 17
4. Construyendo escenarios prospectivos 30
5. Los actores articuladores y sus decisiones 39
6. Apuntes de cierre 44
7. Bibliografía 47
8. Anexo lista de participantes 49
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
Presentación
La Fundación Friedrich Ebert (FES) es una organización política alemana con
presencia en más de cien países en el mundo, comprometida con los valores
de la democracia y la justicia social. Desde su llegada a Bolivia el año 1985,
se ha desempeñado como centro de pensamiento progresista y facilitador
de diálogos democráticos. En el marco de los ejes de nuestro trabajo
(democracia, economía y seguridad), desde el año 2017 hemos promovido y
acompañado la constitución del Foro Nacional de Jóvenes (FNJ), que hasta
el presente continúa vigente como una plataforma de diálogo y propuesta
plural de jóvenes: hombres y mujeres activistas, sindicalistas y militantes
políticos de diversas organizaciones y colectivos.
A partir de la promulgación de la Constitución Política del Estado Plurinacional,
en Bolivia se reconoce la demodiversidad, es decir la existencia de democracias,
en plural: la representativa, la directa-participativa y la comunitaria. Normas
posteriores hacen referencia a la articulación y complementariedad de las
mismas bajo la noción de democracia intercultural. No obstante, también
existen tensiones sobre la concepción, el ejercicio y los desafíos que implica
la coexistencia de estas democracias. El FNJ ha analizado dichas cuestiones
desde distintas perspectivas, incluyendo la normativa-institucional y la
cultural-valórica, en el entendido de que la(s) democracia(s) se sustenta(n)
en una pluralidad de elementos.
¿Por qué los contenidos de la democracia son un campo de disputa? ¿Cómo
se articulan los mecanismos de la democracia representativa, participativa y
comunitaria? ¿Cómo son las democracias que queremos? ¿Qué rol tienen las
y los jóvenes en la construcción de ese horizonte?
Estas son algunas de las interrogantes en torno a las cuales el FNJ, durante
casi tres años, ha generado diálogos y debates plurales que han hecho
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
posible la construcción de un diagnóstico compartido en torno a la situación
actual de la(s) democracia(s) en el país y, sobre esta base, la edificación de
escenarios prospectivos en el horizonte del Bicentenario.
El presente documento, Democracias en disputa y el horizonte de la
democracia intercultural, es uno de los resultados de dicho trabajo colectivo.
Esperamos que contribuya a alimentar, tanto dentro como fuera de las
organizaciones participantes del FNJ, los debates sobre la situación actual
de la(s) democracia(s) en Bolivia y los rumbos que puede(n) tomar en el
mediano-largo plazo, desde la mirada de las y los jóvenes.
La Paz, agosto de 2019
Philipp Kauppert Foro Nacional de Jóvenes
Director FES Bolivia
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
1. Introducción
El Foro Nacional de Jóvenes (FNJ) es un espacio plural de debate y reflexión
política promovido por la Fundación Friedrich Ebert (FES) en Bolivia,
donde participan hombres y mujeres jóvenes de diferentes organizaciones
políticas y colectivos ciudadanos. En sus encuentros, el Foro ha abordado
una serie de temas vinculados con la(s) democracia(s) en el país, las distintas
visiones y prácticas existentes en torno a ella(s), sus avances, problemas,
contradicciones y desafíos.
A fines de abril y principios de mayo de 2019, como cierre de un primer
ciclo de reflexión, las y los jóvenes se reunieron durante tres días en las
ciudades de Cochabamba y La Paz1 con el fin de elaborar una propuesta de
análisis prospectivo, utilizando una metodología estructurada que combina
contenidos teórico-conceptuales con ejercicios prácticos. Inicialmente se hizo
una recapitulación de los temas críticos para las democracias en la actualidad
que fueron analizados y debatidos durante los distintos encuentros
previos del FNJ. Posteriormente, sobre la base de dichos insumos, las y los
participantes debatieron cuál es el desafío central de las democracias para
el año 2025, y lo plasmaron en una pregunta prospectiva. A continuación,
se procedió a identificar las variables o fuerzas motrices capaces de alterar
la realidad, para después clasificarlas según sus niveles de importancia e
incertidumbre. Tras priorizar las variables decisivas, se construyó cuatro
escenarios prospectivos. Finalmente, se elaboró un mapeo de actores junto
con una ruta crítica, identificando los caminos que podrían conducir hacia
uno u otro escenario. No obstante la pluralidad político-ideológica que
caracteriza al FNJ, las y los jóvenes lograron imaginar y expresar con dibujos
y palabras sus visiones compartidas sobre el país.
El presente documento fue elaborado a partir de dicha construcción
colectiva, con el propósito alimentar la discusión teórico-práctica dentro y
fuera de las organizaciones que participan en el FNJ en torno a la situación
1 Dos días en Cochabamba (26 y 27 de abril) y uno en La Paz (4 de mayo).
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
actual de la(s) democracia(s) y sus posibles derroteros en el mediano y largo
plazo. De este modo se pretende contribuir a administrar la incertidumbre
existente en torno a la realidad sociopolítica boliviana y tomar decisiones
pertinentes en el corto plazo.
En primera instancia, se hace un repaso sintético de elementos diagnósticos,
que dan cuenta de dónde nos encontramos hoy en términos de concepción,
ejercicio y desafíos de las democracias en Bolivia. Esta parte concluye con
la formulación de la pregunta prospectiva, el núcleo central y la guía para
la formulación de escenarios. Posteriormente se identifican, describen y
analizan las fuerzas motrices o variables centrales que, de acuerdo con el
FNJ, son capaces de alterar el curso de los hechos en el mediano y largo
plazo. En el tercer apartado se detallan las características de cada uno de los
escenarios prospectivos para el año 2025, en que las variables previamente
identificadas se comportan de manera diferente. Finalmente, se elabora un
mapeo de los actores que pueden influir en el devenir de las democracias,
visualizando qué decisiones acercarían a Bolivia al escenario óptimo o, por el
contrario, la alejarían de él.
2. ¿Dónde estamos? Las democracias en Bolivia, hoy2
Democracias diversas, visiones en disputa
En Bolivia, a lo largo del tiempo, se han ido sucediendo distintos regímenes
políticos y, con ellos, las maneras de entender y practicar la democracia.
A partir de la segunda mitad del siglo XX se transitó de una democracia
representativa nominal (Estado del 52) –establecida constitucionalmente,
pero con reglas del juego poco transparentes (Romero, 2009) y con tintes
corporativos– a regímenes autoritarios, para luego pasar de una democracia
representativa, liberal y procedimental (Democracia Pactada) a una
democracia incipientemente participativa y, a continuación, a una democracia
intercultural (Estado Plurinacional) (Avejera, 2018). Estas características
institucionales se acompañan de dinámicas sociales que, desde las calles y
2 Este apartado recoge algunos contenidos del documento interno “Democracias en disputa: Apuntes del Foro
Nacional de Jóvenes”, de Noelia Gómez Téllez.
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
otros espacios públicos –como las redes sociales hoy–, han ido desarrollando
y consolidando múltiples formas de hacer política.
El legado de estos procesos históricos3 se manifiesta en la actualidad. Hoy,
en el país, (co)existen distintas miradas y prácticas de democracia(s), que en
ocasiones se complementan pero que a veces entran en conflicto. Algunas
tienen un carácter más tradicional, mientras que otras vienen impregnadas
de nuevos sentidos. Así, el concepto de democracia es hoy un campo en
disputa en el que están involucrados diversos actores que se expresan en las
instancias estatales, en la calle, en los medios de comunicación tradicionales y
en las redes, posicionando en el debate público aspectos como los límites de
la democracia representativa y los alcances de las democracias participativadirecta
y comunitaria, por un lado, y por otro, la independencia de poderes,
los límites de los mandatos, las tendencias autoritarias, la pertinencia de
otorgar derechos diferenciados a ciertos sectores, etc.
Desde un punto de vista normativo, a partir de 2009, y con la promulgación
de la nueva Constitución Política del Estado, en Bolivia se reconoce
la demodiversidad, es decir la existencia de democracias, en plural: la
democracia representativa, la directa-participativa y la comunitaria.
Posteriores normas se refieren a la articulación y complementariedad de las
mismas bajo el paraguas de la democracia intercultural. Los significados y
alcances operativos de cada una (con excepción de la representativa) están
aún en construcción.
La democracia representativa es la de mayor data en el país, puesto que
se ejerce ininterrumpidamente desde 1982, con paulatinas ampliaciones
institucionales que han ido consolidando su ejercicio. La concurrencia a las
urnas para elegir representantes de distintos niveles y órganos del Estado
es legítima4, periódica y con niveles de participación que bordean el 80%
(Zúñiga, 2018). Para algunos autores/as y actores/as, la democracia es una
3 Se trata, por supuesto, de un legado anterior a la Revolución y al Estado de 1952.
4 Aunque en ocasiones existen discursos que cuestionan la legitimidad y transparencia de ciertos procesos, se
puede afirmar que, por lo menos hasta el momento de elaboración del presente documento, la mayoría de la
población ha venido aceptando como válidos los resultados de las diferentes elecciones.
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
sola, y es en esencia representativa, aunque puede ampliarse e incorporar
nuevas herramientas. Por otro lado, es tema de debate hasta qué punto
goza hoy de buena salud en Bolivia.
De acuerdo con el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP)
–que tiene varios estudios publicados entre 1998 y 2017–, las y los bolivianos
apoyan la democracia, pero no están necesariamente de acuerdo con su
desempeño. También se evidencia que instituciones del sistema político
propias de la democracia representativa, como la Asamblea Legislativa
Plurinacional o los partidos políticos, gozan de muy poca confianza y
credibilidad por parte de las y los ciudadanos. Las y los jóvenes del FNJ
interpretan de manera distinta estos datos. Para algunos, son señales de
que la democracia representativa está en crisis, dado que la desconfianza
y descrédito de tales instituciones es algo que se mantiene a lo largo del
tiempo, por lo que se trata de problemas estructurales que afectan a la
democracia en sí. Para otros no se trata de una crisis como tal, en la medida
en que hay elecciones periódicas legítimas, aunque la fuerte desconfianza
podría, a la postre, derivar en una situación crítica. Sí hubo coincidencia en
que los partidos políticos no están logrando relegitimarse, lo que representa
un problema; la falta de democracia interna y la priorización de intereses
particulares por parte de ciertas dirigencias son algunas de las causas.
Por su parte, la democracia directa y participativa se refiere a la participación
directa de la sociedad en la toma de decisiones, sin intermediación partidaria.
Por lo general, se trata de un universo poco explorado, asociado con el
ejercicio del referendo y la revocatoria de mandato. Sin embargo, el país tiene
una vasta experiencia en otros mecanismos de la democracia participativa,
como la iniciativa legislativa, la asamblea, el cabildo y la consulta previa.
Estas prolíficas prácticas no siempre han sido sistematizadas, comparadas,
analizadas y difundidas, de modo que existe poco conocimiento al respecto.
Por ejemplo, se han llevado a cabo –aunque con dificultades– numerosas
consultas previas ligadas a la gobernanza de los recursos naturales. De igual
manera, los cabildos y asambleas son mecanismos relativamente extendidos
para la deliberación y la toma de decisiones, aunque son pocos los casos en las
que estas se reflejan en políticas públicas. Por lo general, estos instrumentos
de democracia participativa y directa funcionan en lo cotidiano a la hora de
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
tomar decisiones de tipo territorial o de base, como en las juntas de vecinos o
las asambleas de comunidades rurales. Quedan como preguntas pendientes
el grado de deliberación que contienen y, fundamentalmente, el resultado
en términos de política que logran; es decir, si la consecuencia de su ejercicio
se limita a cuestiones declarativas o, por el contrario, tiene un impacto sobre
la orientación de la política pública.
La democracia comunitaria es una noción que busca agrupar la pluralidad de
visiones y prácticas políticas basadas en normas y procedimientos propios de
los pueblos indígena originario campesinos (PIOC). Involucra temas relativos
al ejercicio del autogobierno, a los mecanismos de elección de autoridades,
de deliberación pública y de toma de decisiones para la atención de
necesidades de las comunidades; a la administración de justicia; a los modos
de resolución de conflictos y a las estrategias para el control del territorio
y el aprovechamiento de los recursos naturales, entre otros elementos
(Vargas, 2018). Las autonomías indígena originario campesinas, con sus
avances y problemas, son ejemplos de la manera en que la democracia
comunitaria se ha incorporado a la institucionalidad estatal y de cómo se la
ejerce de diferente manera en cada territorio. No se ha definido si se debe
hablar de democracia comunitaria o de democracias comunitarias, debido a
la pluralidad de expresiones que esta adopta.
Ahora bien, el ejercicio de cada una de estas democracias no se materializa
de manera independiente y descontaminada. Permanentemente, los
mecanismos y prácticas de las democracias representativa, directaparticipativa
y comunitaria se encuentran, articulan y/o colisionan, dando
lugar no solamente a ejercicios políticos plurales, sino también agregados,
combinados o incluso traslapados. Y ese espacio de encuentro, que por
momentos tiene rostro de complementariedad y por momentos de tensión,
es la esencia de la denominada Democracia Intercultural.
El horizonte de la Democracia Intercultural y Paritaria
La CPE del Estado Plurinacional reconoce la demodiversidad, pero no se
refiere explícitamente a la Democracia Intercultural. Esta noción aparece
por primera vez en la Ley Nº 018, Ley del Órgano Electoral Plurinacional,
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
y en la Ley Nº 026, Ley del Régimen Electoral, haciendo referencia a la
complementariedad e igualdad jerárquica de las democracias representativa
(a través de la elección de representantes por voto universal, directo y
secreto), directa-participativa (por medio del referendo, la iniciativa legislativa
ciudadana, la revocatoria de mandato, la asamblea, el cabildo y la consulta
previa) y comunitaria (por medio de la elección, designación o nominación de
autoridades y representantes a través de normas y procedimientos propios
de las naciones y pueblos indígena originario campesinos).
En el país existen experiencias de Democracia Intercultural en curso,
en que los mecanismos inherentes a diferentes democracias se ejercen
de manera combinada e, incluso, complementaria. El caso de Charagua
(Santa Cruz) es emblemático, puesto que los estatutos y prácticas de este
autogobierno indígena incluyen la utilización articulada de herramientas de
las tres democracias. También se pueden identificar ejemplos en las demás
autonomías indígenas, así como en otros territorios de Bolivia. Sin embargo,
es necesario apuntar que la Democracia Intercultural no es un ideal al cual
llegar, sino más bien un proceso en construcción, no exento de dificultades.
En cualquier caso, al permitir la existencia y ejercicio no excluyente de una
pluralidad de visiones y prácticas de democracia, y plantear su conjunción,
la Democracia Intercultural es un horizonte prolífico para canalizar las
democracias en disputa.
La idea de Democracia Intercultural integra la equivalencia de condiciones
entre hombres y mujeres. Así, la Democracia Paritaria es inherente al
concepto de Democracia Intercultural (una democracia que no es paritaria
no es verdaderamente intercultural). En Bolivia, ya desde los años noventa,
se fueron dando algunos pasos destinados a la inclusión de las mujeres en la
política, hasta llegar a la democracia paritaria, que es hoy el tema en agenda.
La democracia paritaria no se refiere solamente a la ocupación igualitaria
de espacios de decisión, sino también a la generación de condiciones para
permanecer en ellos. Implica también cambiar las relaciones de poder entre
hombres y mujeres en todos los espacios, públicos y privados. Es importante
apuntar que paridad no es igual a democracia paritaria, y que la paridad no
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
garantiza necesariamente una agenda de política pública en favor de las
mujeres.
Según las y los jóvenes, la despatriarcalización está aún lejos de concretarse.
Las mujeres continúan ejerciendo roles socialmente asignados, se mantienen
excluidas de espacios de poder y son víctimas constantes de acoso y violencia.
Los partidos siguen teniendo estructuras patriarcales: no hay ningún partido
político encabezado por una mujer, ni las mujeres conforman sus estructuras
centrales de una manera sustancial.
Los desafíos para las democracias
El panorama presentado plantea una serie de desafíos, referidos a la
consolidación de las normas y prácticas de las democracias en plural, así como
de la democracia intercultural. La democracia representativa tiene como
reto fundamental recuperar la adhesión y confianza de la ciudadanía hacia
sus instituciones; ello pasa, entre otros aspectos, por la reconfiguración del
sistema de partidos. Aunque estos dejaron de monopolizar la participación
y representación políticas5, continúan teniendo un rol crucial en y para la
democracia representativa, así como responsabilidad en su devenir. Incluso,
señalan varios autores (Freidenberg, 2005, por ejemplo), la democracia
representativa es impensable sin ellos. Más allá de los debates que pueda
generar dicha afirmación, para las y los jóvenes es urgente que el sistema de
partidos avance hacia su renovación. Ello implica que, cuando menos, retomen
su vocación de servicio público, se democraticen internamente y renueven
sus liderazgos, incluyendo de manera efectiva a mujeres y jóvenes. También
puede ser relevante estudiar las características y analizar los impactos de las
nuevas formas de participación partidaria que surgen a partir del uso de la
tecnología –como el ciberactivismo y la cibermilitancia–, que ya no requieren
de presencia física para tomar decisiones y que promueven culturas internas
más horizontales, autogestionadas y, por tanto, democráticas.
5 De acuerdo con la normativa vigente, agrupaciones ciudadanas y organizaciones de pueblos indígenas también
pueden participar en la competencia electoral. Además, existe una pluralidad de grupos, organizaciones y
plataformas sociales políticamente activos que juegan un importante rol de representación de intereses colectivos,
de canalización de demandas sociales, de participación en la toma de decisiones y de influencia en políticas
públicas.
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
Por su parte, los desafíos que enfrentan las democracias directa-participativa
y comunitaria tienen que ver con la ampliación del conocimiento existente en
torno a ellas (a través de la sistematización de experiencias, la investigación,
etc.), la promoción de su ejercicio en distintos niveles y territorios del Estado
y el fomento a la equivalencia jerárquica constitucionalmente establecida,
entre otros posibles. Esto último implica que las tres democracias puedan
practicarse en igualdad de condiciones, sin que la democracia representativa
tienda a sobreponerse a las otras dos (ver Viaña, 2017), por ejemplo, velando
por que las decisiones tomadas a partir de distintos mecanismos –inherentes
a distintas democracias– puedan tener similar importancia e impacto.
La consolidación de la democracia intercultural se perfila como otro reto
fundamental. Ello supone continuar alimentando el conocimiento y el
debate en torno a ciertos temas, como la existencia de tensiones entre
principios, valores, visiones y prácticas inherentes a las distintas democracias:
¿De qué tensiones se trata? ¿Pertenecen solamente al plano simbólico
o afectan directamente las vidas de las personas? ¿Se pueden resolver?
¿Cómo? ¿Cómo pueden sortearse posibles colisiones entre derechos
individuales y colectivos? ¿Cómo resguardar los derechos políticos de las
mujeres en el marco de las normas y procedimientos propios? Y esto abre
nuevas preguntas, más amplias pero nucleares: ¿Cómo transitar hacia una
verdadera equidad de género? ¿Cómo garantizar una mayor inclusión de las
y los jóvenes en la vida sociopolítica del país? ¿Cuáles son las condiciones
necesarias para avanzar hacia una mayor articulación de visiones y prácticas
de democracia, en un marco de respeto a la diferencia? Todo ello tiene que
ver con otra pregunta fundamental: ¿Cómo transformar las estructuras
políticas, sociales, económicas y culturales que continúan perpetuando las
inequidades de poder?
La transformación de las relaciones de poder alcanza múltiples dimensiones
y su abordaje, más aún si es de manera sintética, resulta altamente complejo.
No se entrará aquí en el cómo, sino que se brindarán algunos elementos
adicionales del qué, para aclarar qué significa. Entre otros elementos, en el
plano económico involucra procesos de (re)distribución de la riqueza entre
sectores de la sociedad, pero también entre niveles del Estado, consolidando
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
las autonomías territoriales. Para ello, desde el punto de vista de las y los
jóvenes, se requiere ampliar las oportunidades de acceso a los beneficios
del mercado a sectores en condiciones más vulnerables. Se trata de que
los ingresos económicos puedan llegar a más actores. Y esto tiene que
ver, inevitablemente, con la transformación de la estructura productiva de
Bolivia, diversificándola y haciéndola menos dependiente de la explotación
y exportación de materias primas. Un desarrollo productivo diverso,
sostenible y adaptado a la realidad sociocultural del país puede contribuir a
democratizar el acceso a la riqueza y a fortalecer la democracia.
Por otra parte, resulta ineludible enfrentar el desafío de continuar
superando las barreras que mantienen a hombres y a mujeres en condiciones
inequitativas para acceder y ejercer sosteniblemente derechos políticos,
sociales, económicos, sexuales, culturales, etc., tanto en el plano público
como en el privado. Y algo similar ocurre con las juventudes. Y con la
diversidad étnico-cultural. Y con las diversidades sexuales. Y con otros varios
sectores que aún experimentan diferentes formas de exclusión.
En este contexto, se perfila como fundamental continuar ampliando
derechos –individuales y colectivos– y, sobre todo, generar las condiciones
institucionales necesarias para garantizar su ejercicio pleno. Implica también
explorar e implementar herramientas concretas que estimulen la superación
de las inequidades, tales como las medidas de acción afirmativa. Para ello
resulta fundamental el rol activo de la sociedad, su involucramiento y
capacidad de participación en la toma de decisiones públicas. En este
sentido, también resulta pertinente reconocer, estudiar y cualificar nuevas
formas de participación, canalizando el potencial de las tecnologías de la
información y la comunicación. Las herramientas y plataformas digitales
pueden cambiar las maneras en que la ciudadanía se informa y participa en
los asuntos públicos, las formas en las que el Estado gobierna y la manera en
la que se desempeña la democracia (Gómez, 2019). Aunque las y los jóvenes
relativizan el impacto de los espacios y herramientas digitales en las formas
de hacer política, señalando que el acceso a internet es todavía restrictivo y
que existen otras y más efectivas formas de manifestación pública, también
coinciden en que pueden ser ámbitos de construcción democrática.
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
Finalmente, es necesario apuntar que, junto con los desafíos institucionales,
la consolidación de una democracia intercultural y la lucha contra las
inequidades tiene que ver también con cuestiones de orden valórico.
Distintos estudios (LAPOP, 1998-2017; Encuesta Mundial de Valores, 2018)
muestran que los niveles de tolerancia, (des)confianza en las y los otros,
valoración de la equidad de género y de los derechos sexuales (ver Gómez,
2019), entre otros elementos, plantean numerosos desafíos en términos de
relacionamiento constructivo y convivencia entre diferentes.
Estas reflexiones, aquí expresadas de modo sintético, llevaron a las y
los jóvenes a identificar el principal desafío de las democracias a 2025, y
plasmarlo en la siguiente pregunta prospectiva:
A 2025, ¿SE CONSOLIDA UNA DEMOCRACIA INTERCULTURAL,
CON EJERCICIO INFORMADO Y CONSCIENTE DE DERECHOS Y
OBLIGACIONES INDIVIDUALES Y COLECTIVOS, Y DISTRIBUCIÓN
EQUITATIVA DE PODER?
Se plantea la idea de consolidación porque el ejercicio de las democracias
–en plural– y su interacción-complementariedad es un proceso que ya ha
comenzado, que existe en la actualidad, y cuyo afianzamiento se proyecta
a 2025. Por otro lado, se habla de democracia intercultural con minúsculas,
puesto que se la concibe en un sentido amplio: su significado incluye el
sentido que le ha dado la normativa boliviana, pero va más allá. En efecto,
además de “la complementariedad de la democracia directa y participativa,
la democracia representativa y la democracia comunitaria” (art. 1, Ley del
Régimen Electoral), la democracia intercultural que aquí se esboza incluye
la dimensión social y valórica: la idea de convivencia entre diferentes, de
transformación constructiva de conflictos, de superación de la polarización.
Es pertinente puntualizar que no se plantea un ideal de sociedad exenta
de tensiones, dado que estas son inherentes a las relaciones humanas.
Partiendo del principio de que los conflictos son inevitables, se proyecta una
sociedad con capacidades para administrar su pluralidad.
En cuanto al ejercicio informado y consciente de derechos y obligaciones,
este tiene que ver con conciencia política y con la capacidad de acceder a
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
información y utilizarla en las prácticas cotidianas de la política. Se enfatiza,
además, que no solamente se trata de ejercer derechos, sino también
obligaciones: una democracia plena requiere de una sociedad activa, capaz de
corresponsabilizarse por la cuestión pública, que conozca, asuma y practique
ambas dimensiones fundamentales para el concepto de ciudadanía.
Finalmente, la distribución equitativa del poder tiene también un sentido
amplio: se refiere al poder como capacidad de incidir en la realidad; se
vincula con la equidad en el acceso, permanencia y capacidad de influencia
en espacios de decisión, así como con el uso de recursos de poder, e
involucra múltiples dimensiones: de clase, étnica, de género, generacional,
territorial (entre los niveles estatales, tiene que ver con consolidación de la
descentralización y las autonomías), entre otras posibles. Se refiere a una
distribución del poder en espacios formales, pero también a nivel de la
sociedad, tanto en lo público como en lo privado.
3. Las fuerzas motrices de las democracias
¿De qué depende que se consolide una democracia intercultural con
ejercicio informado y consciente de derechos y obligaciones –individuales y
colectivos– y distribución equitativa de poder? Las fuerzas motrices capaces
de alterar la realidad, que tienen el poder de cambiar la dinámica de los
escenarios prospectivos y que pueden hacer que la pregunta prospectiva
se responda de una u otra manera, son numerosas y diversas. De acuerdo
con el Foro Nacional de Jóvenes, estas fuerzas son: capacidad del Estado
para gestionar y distribuir sus recursos; grado de profundización del
proceso autonómico; acceso a servicios públicos de calidad; capacidad de
democratizar las oportunidades; capacidad institucional del Estado para
administrar la diversidad; capacidad de la sociedad boliviana para administrar
sus propias diversidades; capacidad crítica de la sociedad; predisposición de
la ciudadanía a participar en asuntos públicos; predisposición al diálogo y a
los consensos y capacidad de renovación de los partidos políticos. Las dos
variables consideradas centrales, decisivas en términos de configuración
de escenarios, y que pueden de alguna manera agrupar a las demás, son:
capacidad del Estado para gestionar y distribuir sus recursos y capacidad de la
sociedad boliviana para administrar sus propias diversidades.
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
A continuación se aborda cada variable, especificando qué sentido le
otorgan las y los jóvenes del Foro, descubriendo brevemente el universo
teórico que las rodea y destacando algunas de las problemáticas/preguntas
conceptuales y/o prácticas que su debate genera.
Capacidad del Estado para gestionar y (re)distribuir sus recursos
Esta variable se concibe, desde una perspectiva amplia, como capacidad
para gestionar y distribuir recursos económicos y, asimismo, recursos de
poder. En este sentido, aquí se contemplan asuntos de política y gestión
económica, pero también procesos como las autonomías, que poseen tanto
una dimensión financiera como de poder político.
Existe una clara relación entre democracia y economía. Autores y autoras
han estudiado este vínculo desde múltiples puntos de vista y con distintos
métodos. Por ejemplo, Milbrath (1965) realizó una investigación en la que
concluye que las personas con un mayor nivel socioeconómico tienden a
participar más en los asuntos públicos (y la participación es, por excelencia,
uno de los principales derechos y obligaciones en democracia). O Lipset
(1994, en Pasquino 2011: 330), quien señaló que “los sistemas económicos
más desarrollados son los que logran crear y mantener un régimen
democrático”. Otros se refieren a la igualdad socioeconómica como factor
decisivo para la democracia (Boix, 2003). Más allá de las opiniones a favor o
en contra de estas aseveraciones, el denominador común es la comprobación
de que ambas esferas están altamente conectadas y que el desempeño
socioeconómico de los gobiernos tiene, ineludiblemente, efectos políticos,
y es capaz de alterar el curso de los acontecimientos.
Maslow (1943) sostenía que existe una jerarquía de necesidades en el ser
humano, y la graficó en una pirámide de varios niveles; la satisfacción de
necesidades fisiológicas (como respirar o alimentarse) y de seguridad (tener
salud, empleo y recursos, entre otras) están en la base de la pirámide, seguidas
por las necesidades de afiliación, reconocimiento y autorrealización. Aunque
todas son relevantes, complementarias y no excluyentes, la satisfacción
de las primeras es ineludible. La atención de las necesidades básicas de
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
la población resulta fundamental para un ejercicio pleno de derechos en
otras dimensiones. Y sin capacidades estatales de gestión y (re)distribución
de recursos, difícilmente se podrán garantizar las condiciones básicas
de subsistencia de la sociedad. ¿Qué implica que el Estado tenga estas
capacidades? Para el FNJ, tiene que ver con el grado de fortalecimiento de la
institucionalidad pública, capaz de establecer normas claras para el manejo
del dinero público y contar con mecanismos para hacer cumplir estas normas;
que existan recursos humanos técnicamente calificados capaces de operar
con transparencia y de rendir cuentas periódicamente. Por otro lado, se
señala que son importantes el crecimiento y la estabilidad macroeconómica,
pero también la distribución de la riqueza. Esto implica que, sin dejar de
lado la relevancia de factores como el crecimiento del producto interno
bruto (PIB) o la producción potencial de un país (Samuelson y Nordhaus,
1996), el control de los niveles de endeudamiento, el potenciamiento de las
exportaciones y el control de la inflación, entre otros, es ineludible atender
la desigualdad socioeconómica, es decir, la brecha entre ricos y pobres, a
través de políticas de redistribución de la riqueza.
En Bolivia todo esto está estrechamente conectado, a su vez, con la
superación del modelo primario exportador, insostenible por ser altamente
dependiente de las fluctuaciones del mercado internacional y fuertemente
depredador de la naturaleza. Ello implica impulsar sostenidamente una
diversificación productiva.
Adicionalmente, se puede decir que esta capacidad también implica la
facultad del Estado, en todos sus niveles, de incorporar a actoras y actores
económicos nacionales, regionales y locales en su planificación y gestión
económicas, de manera que estas reflejen la pluralidad de visiones existentes
en el país (incluyendo la perspectiva de género, étnica y generacional) y
estén conectadas con las necesidades de los distintos sectores y territorios
del país.
Esta variable está directamente vinculada con otras tres: el acceso a servicios
públicos de calidad, la capacidad de democratizar las oportunidades y la
profundización del proceso autonómico.
20
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
• Acceso a servicios públicos de calidad y democratización de oportunidades
Una gestión-distribución eficaz y eficiente de recursos por parte del Estado
debe traducirse en un acceso, cada vez mayor y mejor, a servicios públicos.
Ello tiene una doble dimensión: cuantitativa y cualitativa. En términos
cuantitativos, se trata de incrementar la cobertura de salud, educación y
servicios básicos (como el agua, la electricidad, el saneamiento, la gestión
de residuos sólidos), democratizando aún más las oportunidades de acceso
para sectores de bajos recursos, mujeres, jóvenes y pueblos indígenas. La
segunda dimensión se refiere a la calidad de estos servicios, que aparece
como una de las asignaturas pendientes en la actualidad. Todo esto debiera
redundar en un incremento sostenido de indicadores sociales, como el índice
de desarrollo humano (IDH), un mayor equilibrio en las posibilidades de
acceso de todos y todas a estos servicios elementales y una reducción de las
inequidades socioeconómicas. En Estados descentralizados y autonómicos,
las competencias en torno a estos temas están distribuidas entre los niveles
territoriales.
• Grado de profundización del proceso autonómico
En Bolivia la capacidad estatal de administrar y (re)distribuir recursos está
estrechamente conectada con el proceso autonómico. Actualmente existen
cuatro tipos de autonomía: departamental, regional, municipal e indígena.
La consolidación de las autonomías se refiere a una mayor profundización de
la desconcentración del poder y de los recursos en cada uno de estos niveles,
por lo que este proceso tiene fundamentalmente un componente político y
otro económico.
Políticamente, en el contexto boliviano las autonomías se refieren a la
capacidad de los territorios de autogobernarse: pueden legislar, regular y
administrar los asuntos de su competencia (Galindo, 2005); pueden también
elegir democráticamente a sus autoridades (con excepción del nivel
regional) y tomar decisiones haciendo uso de los mecanismos inherentes
a las democracias actualmente reconocidas (representativa, directaparticipativa
y comunitaria) con el involucramiento directo de la sociedad.
21
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
De acuerdo con la teoría, la descentralización y la autonomía profundizan
la democracia, acercan el Estado a la ciudadanía y lo tornan más efectivo en
la satisfacción de las necesidades públicas. Asimismo, en el país, el grado de
avance de las autonomías está estrechamente vinculado con la consolidación
de la democracia intercultural, al reconocer y respetar las diferencias y los
derechos territoriales, otorgándoles, al mismo tiempo, un marco de unidad
(el Estado nacional).
En términos económicos, el proceso aquí analizado se refiere a una mayor
autonomía territorial para el manejo de los recursos. No implica solamente
recibir una porción de los recursos públicos por concepto de transferencias
del nivel estatal central, sino generar fondos propios a partir de las
vocaciones productivas de cada territorio. Ello plantea un desafío adicional:
ir más allá del aprovechamiento de recursos naturales. Es importante no
perder de vista que el fin último de las autonomías es generar mejoras en
la calidad de vida de sus habitantes. Una autonomía fiscal efectiva deberá,
por lo menos, contemplar: una definición clara de responsabilidades de
gasto entre niveles estatales; la generación de fuentes de ingreso propias; la
coordinación de sistemas de transferencias que compensen a los territorios
menos desarrollados; la implementación de un marco de responsabilidad
fiscal subnacional; la existencia de capacidades de gestión de los gobiernos
subnacionales; el establecimiento de mecanismos que faciliten la
transparencia y la rendición de cuentas (Ardanaz y Radics, 2016).
Varios de estos temas deben negociarse políticamente, lo que en Bolivia
se ha denominado “pacto fiscal”, que en repetidas ocasiones fue señalado
como fundamental por el FNJ. El pacto fiscal es un acuerdo entre el gobierno
central y los gobiernos subnacionales en torno a cómo se generarán y
distribuirán los recursos públicos. El devenir de los escenarios futuros puede
ser, para las y los jóvenes, altamente influido por este factor.
• Capacidad de renovación de los partidos políticos
Llegado el siglo XXI, en varios países de América Latina –incluyendo Bolivia–, el
sistema de representación sufrió una fuerte crisis. Esta tuvo como trasfondo
22
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
una serie de factores, entre ellos un elevado descontento social hacia los
partidos políticos, considerados autorreferenciales, poco democráticos
internamente, abocados a mantenerse en el poder y no a representar los
intereses de la sociedad. En Bolivia, el sistema de partidos no ha logrado
remontar la debacle; los niveles de descrédito y desconfianza hacia ellos se
mantienen en niveles elevados y varían poco en el tiempo, sin distinción de
sexo, edad o clase social.
¿Cómo salir de la crisis? El FNJ, coincidiendo con varios autores y autoras,
apunta a la renovación interna como condición indispensable (aunque quizá
no suficiente) para que ello ocurra. Esta renovación implicaría, al menos,
discusiones internas sobre el rol de las instancias de representación en los
nuevos contextos sociales, políticos, económicos y culturales; recambio
de liderazgos; implementación de mecanismos efectivos de democracia
interna; participación efectiva de mujeres, jóvenes e indígenas en todos los
niveles de la estructura partidaria. Varios de estos factores están conectados
entre sí.
Sin embargo, la especialista en partidos políticos Flavia Freidenberg (2005)
se pregunta cuánta democracia interna –entendida como potenciadora de
otras renovaciones internas– necesitan los partidos para sobrevivir en una
democracia representativa. Y la respuesta es: ninguna. La autora señala que los
partidos están fundamentalmente interesados en competir electoralmente
y acceder al poder y que, para este fin, no resulta indispensable pensar en la
renovación interna. No obstante, advierte: “A pesar de que no se necesite a
corto plazo ser democrático internamente, a largo plazo, el modo en que los
partidos se comporten afectará el rendimiento democrático, la percepción
de los ciudadanos respecto a su relevancia en el sistema político y la calidad
de las instituciones democráticas” (Freidenberg, 2005: 162). A la larga, las
percepciones negativas afectan de todas maneras el rendimiento electoral
y, más importante aún, la renovación de los partidos aparece como un factor
relevante para la democracia representativa misma. En esta línea, el FNJ ha
señalado que el descrédito y la crisis permanente de los partidos pueden
llevar a una crisis de la democracia representativa en sí; incluso algunas
personas consideran que ello ya está ocurriendo. De esta manera, se torna
en una variable muy importante que afecta el comportamiento del sistema
23
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
político y es capaz de alterar escenarios prospectivos. Es crucial el rol de las
y los jóvenes en el camino de la renovación partidaria.
Capacidad de la sociedad boliviana para administrar sus diversidades
La capacidad de la sociedad boliviana para administrar sus propias
diversidades tiene que ver con su facultad de manifestar sus expectativas,
intereses, necesidades y demandas al Estado de manera activa y
corresponsable, pero también de desarrollar conductas y valores necesarios
para la convivencia democrática. Ello está también vinculado con la existencia
de capacidades críticas en la sociedad (apuntada por las y los jóvenes como
otra variable de relevancia), entendidas como facultades de evaluar y
razonar bajo un criterio propio. El pensamiento crítico, que se alimenta de
conocimiento y de información de calidad, se inculca desde la educación y
es vital para cualificar la participación política y la toma de decisiones. Sin
embargo, para que estas capacidades sociales puedan ser potenciadas y
canalizadas constructivamente, también se requiere que el Estado tenga
las competencias adecuadas para gestionarlas y traducirlas en decisiones
públicas.
• Predisposición de la ciudadanía a participar en asuntos públicos
Existen múltiples aproximaciones conceptuales y analíticas en torno
a la participación política y sus alcances, desde las más ortodoxas e
institucionalistas, que la abordan exclusivamente desde el punto de vista
electoral, hasta las que, sin desconocer la relevancia de la concurrencia
a las urnas, identifican y analizan las diversas formas de participación
extraelectoral que existen. En términos generales, se puede decir que la
participación política es una acción o conjunto de acciones, individuales
o colectivas, que busca influir en la toma de decisiones públicas, aunque
también existe la participación orientada a la expresión de pareceres
políticos (Pasquino, 2011). Los niveles y formas de participación varían de
acuerdo al contexto, y una de las principales preguntas que se plantean las
y los estudiosos del tema es de qué depende esto. La cultura política es, sin
duda, uno de los elementos determinantes.
24
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
En Bolivia, como bien se identificó en el diagnóstico, existe una fuerte
cultura de organización y movilización que se expresa continuamente y que
convive con formas institucionalizadas de participación. Son permanentes las
manifestaciones de distintos grupos y organizaciones de la sociedad civil que
expresan sus demandas a los diferentes niveles estatales y que pretenden
influir en las decisiones de los actores políticos, pero también son elevados
los niveles de participación en elecciones, referendos y otros mecanismos
formales contemplados en el andamiaje normativo nacional, intermedio
y local. Cabe recordar, además, que estos últimos fueron ampliados con
la promulgación e implementación de la nueva Constitución Política del
Estado, en 2009.
Algunas de las preguntas que surgen a partir de lo anterior son las siguientes:
¿Por qué es importante la participación política? ¿Por qué está vinculada
con las capacidades de la sociedad para administrar su diversidad? ¿Qué se
necesita para que sea una participación efectiva, constructiva y de calidad?
Una vez más, responder a estas preguntas en pocas líneas resulta poco
factible. Sin embargo, a partir de las consideraciones del FNJ, se esbozan
algunas ideas que permiten terminar de comprender la relevancia de este
factor en la edificación de escenarios futuros.
En primera instancia, el involucramiento activo de la sociedad en los asuntos
públicos, a través de la participación política, es altamente importante para
la vitalidad y la calidad de las democracias. Incrementa la legitimidad de los
gobiernos y de las decisiones públicas, haciendo a estas últimas pertinentes
a la realidad y a las necesidades sociales. Por otro lado, ejercerla permite que
la pluralidad de visiones, propuestas, expectativas, intereses y necesidades
de grupos y sectores en una sociedad heterogénea puedan canalizarse hacia
la expresión pública y la incidencia política, y no hacia la confrontación y
el enfrentamiento. Además, ciertos estudios señalan que la participación
política fortalece la cohesión social (ver Helly, 2002).
Sin embargo, la participación puede no ser siempre efectiva o constructiva.
De acuerdo con el FNJ, será efectiva en la medida en que los colectivos
que participen muestren cierto grado de unidad para generar verdadera
influencia. Será constructiva y efectiva en la medida en que sea una
25
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
participación informada. Se puede añadir que será efectiva dependiendo
del grado en que se combine con las capacidades estatales necesarias para
absorber y canalizar esa participación, así como traducirla en decisiones y
en políticas públicas. Será efectiva y constructiva si integra un sentido de
corresponsabilidad: no se trata solamente de expresar demandas al Estado;
es importante también la capacidad de propuesta de la sociedad, así como
su compromiso para implicarse en la solución de los problemas que plantea.
Por último, será constructiva en la medida en que no se sirva de medios
violentos para expresarse.
• Predisposición al diálogo y a los consensos
La predisposición de la sociedad al diálogo y a los consensos tiene directa
relación con las capacidades de administración de las diversidades, y fue
apuntada como otra de las variables capaces de alterar las dinámicas de
los escenarios prospectivos. Más ampliamente, esta idea hace referencia
a los valores que alimentan la convivencia democrática en sociedades
heterogéneas.
De acuerdo con las y los jóvenes del FNJ, son punto de partida esencial el
autorreconocimiento y el interreconocimiento de la pluralidad de identidades
existentes en el país: étnicas, de género, sexuales, generacionales y
regionales, entre muchas otras. Estas identidades son, por definición,
flexibles: son múltiples, no se excluyen entre sí y pueden variar de acuerdo
al tiempo y al espacio. Paralelamente a la aceptación de esta diversidad
identitaria, la convivencia democrática demanda una interacción constructiva
entre personas y grupos diversos, con el fin de generar y afianzar lazos
sociales. Ello resulta indispensable para desmontar prejuicios y estereotipos
negativos basados en el desconocimiento del otro diferente, que derivan en
conductas como el racismo, la discriminación y la desconfianza. La tolerancia,
el ejercicio cotidiano del diálogo, el trabajo en equipo y la apertura hacia la
equidad de género fueron apuntados también como elementos necesarios.
Ahora bien, ¿se trata de un ideal irrealizable, sobre todo teniendo en cuenta
la omnipresencia del poder y del conflicto en las relaciones humanas?, ¿qué
condiciones se requieren para avanzar en tal dirección?
26
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
Las ideas del párrafo anterior están relacionadas con la corriente teórica
de la interculturalidad, dentro de la cual existen distintos enfoques o
subcorrientes. De acuerdo con Walsh (2009), existen tres perspectivas
principales en debate en torno a la interculturalidad: la relacional, que hace
referencia a la interacción (prácticamente neutral) entre personas y grupos
de culturas diferentes. Para esta corriente, la interculturalidad es una mera
constatación de interacción entre diversos que siempre ha existido y siempre
existirá. Este primer enfoque se refiere a la interculturalidad en sentido
literal. La segunda perspectiva es la funcional, que consiste en la inclusión
de la diversidad cultural a la estructura social establecida, con interacciones
constructivas basadas en el diálogo, la convivencia y la tolerancia, desde
una supuesta horizontalidad. Según la autora, por un lado, estos enfoques
ocultan los conflictos, las relaciones de poder, dominación –y colonialidad–
existentes entre grupos sociales pertenecientes a matrices culturalmente
distintas y, por otro, no tocan las causas de las asimetrías y desigualdades
sociales y culturales. La tercera perspectiva es la que ha sido llamada
interculturalidad crítica, que promueve la transformación de estructuras
y relaciones sociales; se trata de algo no construido, sino por construir. Es
una propuesta de sociedad y de proyecto político (es lo que se entiende
por interculturalismo) destinado a remover cimientos sociales, económicos
y culturales que reproducen las inequidades multidimensionales como
condición para construir verdaderas y sostenibles relaciones de respeto,
simetría y equidad entre diferentes.
En consonancia con la tercera corriente analizada por Walsh, la capacidad
de la sociedad de administrar su diversidad se potenciará en la medida en
que se trabaje para desmontar las estructuras de poder que reproducen las
inequidades económicas, étnicas, de género, generación, etc.
• Capacidades estatales para administrar la diversidad
Como ya se dijo, las facultades de la sociedad para manejar sus diversidades
se ven determinadas también por las capacidades estatales para hacer
frente, reflejar y gestionar estas dinámicas sociales.
27
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
Existen diferentes posturas en torno a cuál debiera ser el rol del Estado en
sociedades altamente heterogéneas y, por tanto, en torno a qué implica
tener capacidades institucionales para administrarla. Es preciso apuntar, de
inicio, que se trata de debates largos, complejos y, sobre todo, inacabados.
No es propósito de los siguientes párrafos abordarlas exhaustivamente;
se presentarán algunas de las corrientes dominantes de manera
esquemática, simplemente a modo de referencia. Para algunos autores
y autoras que sustentan sus argumentos en las teorías de la democracia
liberal representativa, el Estado tiene que mantenerse como un conjunto
de instituciones neutrales ante la complejidad social; sostienen que “los
problemas relativos a la convivencia entre culturas deben resolverse en virtud
de la común pertenencia al género humano, mediante la estricta aplicación
de los mismos derechos a todos los individuos, esto es, sin contemplar las
diferencias existentes entre ellos” (Velasco, 2001: 121).
Otros teóricos y teóricas critican este enfoque por considerarlo monocultural
y porque en la práctica genera desigualdad y exclusión. Así, teniendo como
base el reconocimiento de la diversidad, se plantean instituciones estatales
acordes con dicho principio. Algunos lo hacen desde el multiculturalismo:
por ejemplo, Lijphart (1990), con su modelo de Democracia Consociativa,
o Kymlicka (1996), con su propuesta de Ciudadanía Multicultural. Otros lo
hacen desde el interculturalismo; Boaventura de Sousa Santos (2007: 32)
sostiene que “el Estado no puede ser culturalmente neutro, porque si lo
es, favorece objetivamente a la cultura dominante”, y propone reinventar
la institucionalidad estatal en todas sus dimensiones (política, económica,
social, jurídica, educativa y cultural), bajo el paraguas de la Democracia
Intercultural, como única manera de que el Estado pueda lidiar con la
diversidad y, más importante aún, transformar las relaciones de poder
inequitativas que ha alimentado el –aparente– Estado neutral. Y esto último
lleva a plantear algunas de las preguntas de fondo: ¿Qué instituciones
estatales necesita una sociedad altamente heterogénea, cuya diversidad se
ha traducido en inequidades económicas, sociales, culturales, étnicas y de
género, entre otras? ¿Qué instituciones se requieren para transformar estas
inequidades? ¿Qué instituciones son necesarias para canalizar equitativa
y constructivamente la pluralidad de visiones, expectativas, intereses y
28
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
necesidades emergentes de dicha heterogeneidad? Son preguntas muy
amplias, cuyas respuestas pueden resultar complejas y, por supuesto,
exceden los objetivos del presente documento. En Bolivia se ha apostado
por un modelo de Democracia Intercultural, cuyos alcances ya han sido
especificados en páginas anteriores.
Para el Foro Nacional de Jóvenes, con una perspectiva de futuro, el
Estado tendrá capacidades de administrar la diversidad en la medida en
que garantice y promueva el reconocimiento y el ejercicio de prácticas
democráticas diversas, pero también su articulación y complementariedad,
bajo la lógica de la Democracia Intercultural. Y, por supuesto, en la medida
en que promueva acciones estructurales para transformar las endémicas
y multidimensionales inequidades de poder. Entre otros elementos, esto
pasa por equilibrar la jerarquía de las democracias; también se vincula con
el reconocimiento, ampliación y garantía de ejercicio, por parte del Estado,
de derechos y obligaciones individuales y colectivos, sobre todo de sectores
tradicionalmente excluidos, como pueblos indígenas, mujeres y jóvenes. Esto
puede requerir implementar medidas de acción afirmativa. Asimismo, se trata
de promover una democracia paritaria, más allá de la paridad democrática
que ya se intenta implementar, generando las condiciones institucionales
y socioculturales necesarias para que las mujeres accedan y ocupen de
manera efectiva, equitativa y sostenible diferentes espacios, en los que
puedan ejercer plenamente sus derechos. Y ello incluye, indefectiblemente,
el ámbito privado. También se vincula con la profundización del proceso
autonómico, de manera que cada territorio cuente con las condiciones para
autogobernarse de acuerdo con sus características históricas, culturales y
sociales, así como de sus vocaciones económicas. Esto supone igualmente
la consolidación de las autonomías indígenas, ejerciendo derechos y
obligaciones conforme a sus normas y procedimientos propios.
La administración de la diversidad se vincula, asimismo, con las facultades
públicas para mantener la estabilidad social. Esto se relaciona con la capacidad
estatal de traducir las diversas demandas e intereses sociales en políticas
públicas relevantes, pertinentes y necesarias, lo que supone la existencia de
canales efectivos de información, comunicación y diálogo entre el Estado y
la sociedad. Se conecta también con el estilo estatal de gestión de conflictos.
29
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
Los conflictos son situaciones en las que dos o más partes tienen, o consideran
que tienen, objetivos diferentes sobre un mismo tema (Fischer, 2000). El
conflicto es inevitable, y no es bueno ni malo en sí mismo. Es un catalizador de
síntomas de los problemas de fondo de una sociedad, que, adecuadamente
gestionados, pueden llegar a ser un insumo valioso para la gestión estatal.
Incluso, pueden llegar a ser importantes motores de trasformaciones
sociales. Sin embargo, si no se los gestiona adecuadamente, pueden derivar
en violencia, con serias consecuencias en términos de convivencia social. Los
conflictos son frecuentes en sociedades altamente heterogéneas, y Bolivia
es un claro ejemplo de ello. El país tiene una larga trayectoria de organización,
manifestación y protesta; los conflictos ocurren diariamente en el país y el
fantasma de la violencia los acecha permanentemente (ver publicaciones de
la Fundación UNIR Bolivia).
En este contexto, resulta vital el enfoque que el Estado aplique para analizar e
intervenir en los conflictos. Estos pueden ser considerados como problemas
y, por tanto, como situaciones negativas que deben ser eliminadas/sofocadas
para preservar la paz social. En este enfoque es frecuente el recurso a la
fuerza física, con el riesgo de ingresar en espirales de violencia. Otro enfoque
es el de la transformación constructiva: los conflictos son vistos como
manifestaciones que responden a causas profundas; se intenta descubrir
cuáles son estas y apuntar a atenderlas. Los conflictos no se eliminan ni se
resuelven, se transforman. Esta mirada privilegia el diálogo y la negociación
como herramientas para superar momentos de crisis.
Finalmente, y más allá de todo lo expresado, se mencionó también la
capacidad institucional global, que tiene que ver con la existencia de
una estructura sólida que funciona con arreglo a una serie de normas
y procedimientos claros y transparentes, que respalda las decisiones y
acciones estatales (Blondel, 2009) y les permite cumplir con los objetivos e
indicadores que se propone. Está relacionado también con la existencia de
recursos humanos aptos para conducir el Estado y para administrar recursos
públicos. Es una institucionalidad que, además, cuenta con el respaldo y la
legitimidad de la sociedad.
30
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
4. Construyendo escenarios prospectivos
a. “El Estado es tan bueno como nosotros y nosotros somos tan buenos
como el Estado. El escenario de la democracia intercultural”
El primer escenario, el de la democracia intercultural, aparece como el mejor
posible. Se caracteriza por una alta capacidad estatal para manejar recursos
económicos y una alta capacidad social para administrar sus diversidades, es
decir que confluye un Estado eficaz y eficiente con una ciudadanía activa,
informada y autogestionada. Es un escenario de gobernanza efectiva: existe
capacidad estatal para traducir demandas en políticas, lo que supone una
asignación adecuada de recursos económicos, y ello es posible gracias a una
permanente interacción con la sociedad, que es propositiva y dialógica. Es
un escenario en el que se ponen en práctica “procedimientos que posibilitan
la interacción horizontal entre el ámbito público, el privado y los actores
sociales, en el contexto más amplio de una institucionalidad que permite
avanzar sobre grandes acuerdos sociales” (Brower, 2014: 153).
La alta capacidad estatal para gestionar y distribuir recursos económicos
se basa en la consolidación de dos procesos técnico-político-financieros
de magnitud: las autonomías territoriales y el pacto fiscal. En este
escenario se logra avanzar hacia una efectiva descentralización del poder
y de los recursos de “arriba” (el nivel estatal central) hacia “abajo” (los
niveles subnacionales), con un esquema de competencias y atribuciones
claro y técnicamente sustentado. Al mismo tiempo, se logran niveles de
coordinación suficiente entre los niveles central, intermedio y local, a pesar
de las diferencias políticas, lo que permite avanzar hacia una gestión estatal
integral y articulada. Por su parte, las autonomías indígenas logran también
avanzar hacia su consolidación, constituyéndose en pieza fundamental de la
democracia intercultural. Asimismo, los gobiernos central, departamentales,
municipales y las autonomías indígenas, con la activa participación de
actores económicos y sociales locales y regionales, alcanzan acuerdos sobre
cómo generar y distribuir los recursos económicos estatales destinados
a promover el desarrollo del país. Esto se logra a partir de procesos de
diálogo y concertación, cuyos resultados reflejan las diferentes visiones de
31
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
los actores involucrados. Por otro lado, tanto el gobierno central como los
gobiernos subnacionales mejoran sus capacidades institucionales; cumplen
y hacen cumplir las normas; gestionan eficiente y transparentemente
los recursos; alcanzan sus objetivos de desarrollo integral territorial y son
capaces de rendir cuentas periódicamente sobre sus decisiones y acciones.
Esto redunda en un mayor acceso a servicios públicos de calidad por parte
de la población, tanto en áreas urbanas como rurales. Respecto a salud,
educación y servicios básicos, se da un acceso igualitario.
Esta fortalecida institucionalidad se refleja asimismo en una capacidad
estatal renovada para gestionar la diversidad identitaria (política, social,
cultural, étnica, de género y generacional, entre otras) que caracteriza a la
sociedad boliviana. El Estado la reconoce, la respeta y promueve acciones
para superar las inequidades estructurales asociadas a la misma. Además
del fortalecimiento de las autonomías indígenas –y con ello el fomento al
ejercicio de la democracia comunitaria–, se impulsa y refuerza la práctica
de mecanismos inherentes a las democracias representativa y directaparticipativa.
Se buscan, identifican, visualizan, difunden y promueven
prácticas que articulan/engranan las tres democracias, impulsando así la
interacción y complementariedad entre ellas. Se garantiza el reconocimiento
y el disfrute de derechos, tanto individuales como colectivos, y se trabaja
permanentemente para que sectores tradicionalmente excluidos
(indígenas, mujeres, jóvenes) puedan ejercerlos plenamente. Los canales
de comunicación con la sociedad son diversos y efectivos y las instituciones
estatales son capaces de gestionar constructivamente el elevado dinamismo
social que caracteriza este escenario. Existen sistemas de alerta temprana de
conflictos sociales que permiten identificar precozmente focos de malestar
ciudadano y traducir demandas en decisiones oportunas. Se prioriza el
manejo democrático de las controversias, y no así las salidas que implican el
uso de la fuerza.
La sociedad, altamente organizada y movilizada, plantea continuamente sus
demandas al Estado, pero asume igualmente su corresponsabilidad en la
generación de propuestas y soluciones a los distintos desafíos por los que
atraviesa el país. Hombres y mujeres, tanto individual como colectivamente,
32
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
exigen respeto a sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales,
pero también ejercen sus obligaciones en tales ámbitos. Los activos niveles
de participación en los asuntos públicos tienen que ver con una mayor
conciencia política y se alimentan de la creciente información a la que accede
la sociedad, en gran medida a través de los diferentes canales digitales que,
al mismo tiempo, son utilizados como plataformas de coordinación para la
manifestación y acción públicas. La capacidad de generación de propuestas
constructivas se potencia al encontrar receptividad estatal. Por otro lado,
los diferentes sectores muestran signos de una mayor predisposición al
diálogo, la tolerancia y el respeto a las diversidades identitarias, tanto en
su relacionamiento con el Estado como entre ellos, lo que se refleja en
una disminución de los enfrentamientos violentos entre actores de la
sociedad. Se avanza también en términos de una mayor equidad de género
y generacional.
En un escenario donde la comunicación Estado-sociedad es efectiva,
existe también un sistema de mediación suficientemente democrático y
representativo. Las organizaciones políticas avanzan hacia su renovación, lo
que se refleja en la presencia efectiva de mujeres y jóvenes en las instancias
intrapartidarias de decisión, pero también en su nominación como candidatas
y candidatos para ocupar cargos públicos de jerarquía. La sociedad responde
favorablemente a estos cambios y apoya con su voto a las candidaturas de
mujeres y jóvenes. Estos nuevos rostros impulsan iniciativas que combaten
la violencia machista y la discriminación en todas sus formas, al tiempo que
promueven la igualdad de oportunidades de género, generación, etnia, clase
y territorio. Asimismo, las organizaciones políticas forman parte de grandes
diálogos multiactor que permiten tener una visión de país y actuar en base a
un horizonte mínimamente compartido.
b. “Pueblo unido pero no escuchado. El escenario de la democracia
incapaz”
Este escenario se caracteriza centralmente por una baja o inexistente
capacidad estatal para gestionar y distribuir recursos y una alta capacidad
de la sociedad para administrar sus diversidades. Hay un desencuentro
33
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
entre Estado y sociedad que, de no reencauzarse, es susceptible de generar
contextos de ingobernabilidad.
El Estado atraviesa dificultades en el manejo de sus finanzas. Los gastos son
notablemente mayores a los ingresos y existen elevados niveles de deuda
interna y externa; asimismo, son frecuentes las denuncias de corrupción
y de manejo poco transparente del dinero público. No se ha logrado
transformar la matriz primario-exportadora del país y se continúa apostando
por la explotación de los –cada vez más escasos– recursos naturales, con
serias consecuencias ambientales, políticas y sociales. El gobierno central,
los gobiernos departamentales, las regiones y los gobiernos municipales
no logran ponerse de acuerdo en torno a cómo generar y asignar
territorialmente los recursos; es decir que no se consolida el pacto fiscal.
No se toman en cuenta voces de actores locales en este proceso. Como
consecuencia, la distribución de dinero es juzgada como inequitativa y se
gestan malestares en distintos lugares del país, más aún porque el proceso
autonómico también se estanca. En efecto, las desavenencias políticas y la
incapacidad financiera impiden una efectiva transferencia de poder político
y económico a las autonomías departamentales, regionales, municipales
e indígenas. Tampoco se cumplen las metas de asignación presupuestaria
sectorial (salud, educación, servicios básicos, etc.), ni existen políticas
de redistribución de la riqueza, lo que impide satisfacer adecuadamente
las necesidades de la población, particularmente de los grupos más
vulnerables. No se provee servicios públicos de calidad y no se avanza en la
democratización de oportunidades de acceso a los mismos.
Las instituciones estatales, debilitadas por el contexto anteriormente
descrito, no son capaces de incorporar efectivamente las demandas y
las propuestas de la sociedad en su gestión, ni de traducirlas en políticas
públicas. La permanente amenaza de una crisis económica invade la agenda
pública, y temas como el fomento a la democracia intercultural y paritaria
o el potenciamiento de derechos de mujeres, jóvenes y pueblos indígenas
no se priorizan política ni presupuestariamente. La legitimidad del gobierno
central, independientemente de si fue alta o no al comienzo de su gestión,
comienza a verse erosionada.
34
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
La evolución del escenario depende de las decisiones de los actores
políticos, de su grado de adaptabilidad para responder a las características
del contexto y de su comprensión sobre la importancia de incorporar a las
políticas públicas los insumos provenientes de la sociedad.
La sociedad, por su parte, se encuentra organizada, movilizada y predispuesta
a participar activamente en los asuntos públicos. Existen diversos sectores
que cobran protagonismo en la escena pública y que expresan continuamente
sus demandas y propuestas al Estado. Inicialmente, estos están proclives al
diálogo; sin embargo, al ver que las entidades estatales no son capaces de
incorporar a su gestión institucional, ni a su gestión económica, los insumos
de la sociedad, empiezan a manifestar su malestar.
Se incrementan los conflictos, particularmente los que tienen que ver con
asignaciones presupuestarias sectoriales (salud, educación, otras) que no
satisfacen las expectativas ni las necesidades de los actores movilizados.
También aumentan las protestas territoriales y los casos de demanda de
ampliación y respeto a derechos sociales, políticos, económicos y culturales,
exigiendo que tales temas no queden fuera de las agendas gubernamentales.
Aunque los enfrentamientos entre sectores de la sociedad no son tan
probables por las capacidades que tiene la misma para administrar sus
diversidades, sí puede haber mayor violencia en los conflictos Estadosociedad
como resultado de la ebullición social y la falta de capacidad
estatal para atenderla/canalizarla. En efecto, sintiéndose continuamente
asediado, el Estado puede tender a responder a las presiones con el uso
de la fuerza pública. Por su imposibilidad de oír las demandas sociales, el
Estado ve a los conflictos como problemas en lugar de oportunidades para
mejorar su gestión, por lo que tiende a sofocarlos. Bajo estas circunstancias,
van mermando las capacidades estatales de administrar la diversidad y se
va agudizando la molestia social, generándose un círculo vicioso difícil de
interrumpir.
Los partidos políticos, con intereses económicos en juego, toman parte
en los conflictos y no logran avanzar en asuntos como la democratización
interna de sus estructuras o la renovación de sus liderazgos. En las instancias
35
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
públicas interpartidarias, como la Asamblea Legislativa Plurinacional, las
asambleas departamentales o los concejos municipales, las organizaciones
políticas no se ponen de acuerdo ni proponen/ejecutan soluciones para los
desafíos del país. Sin embargo, la fuerte presión social las obliga a mantener
en agenda la incorporación efectiva de mujeres, jóvenes e indígenas en sus
filas y en sus decisiones.
A pesar del panorama anterior, las elevadas capacidades societales de
gestión de las diversidades pueden coadyuvar a encontrar salidas dialógicas
y constructivas. Si bien varios actores están radicalizados, existen otros
que apuestan por el diálogo, que pueden apaciguar la tensión y adoptar
roles de negociadores y/o mediadores. Además, se trata de una sociedad
con capacidad crítica y de propuesta que puede sugerir reformas o
transformaciones estructurales para superar la compleja situación expuesta.
Pueden, asimismo, surgir nuevos liderazgos desde la sociedad que sean los
encargados de conducir tales ideas.
c. “Sociedad entrópica y democracia caótica. El escenario de la democracia
en crisis”
El tercer escenario identificado es el más catastrófico de los cuatro. Se lo llamó
“democracia en crisis”, y se caracteriza por una baja o inexistente capacidad
estatal para administrar sus recursos y una baja o nula capacidad societal
para administrar sus diversidades. La desconexión entre Estado y sociedad
se acrecienta y se avanza hacia un escenario de crisis socioeconómica. Puede
llegar a interpretarse como una suerte de agravamiento del escenario
anterior.
Existe un contexto de déficit fiscal, deuda interna y externa, con indicadores
macroeconómicos que marcan una situación delicada y proclive a agudizarse.
Los actores políticos no logran consensuar mínimamente las medidas
necesarias para enfrentar la compleja situación; tampoco son capaces de
leer la realidad social ni de escuchar las voces de sus actores. No se avanza
en la consolidación del pacto fiscal y el proceso autonómico se paraliza,
reforzando el centralismo y los desequilibrios territoriales. Las autonomías
36
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
indígenas se ven aún más debilitadas. La precaria gestión económica se
traduce rápidamente en una incapacidad estatal de satisfacer mínimamente
las necesidades de la población, como la provisión eficaz y eficiente de
servicios básicos. Se presentan situaciones de racionamiento de agua y
electricidad, afectando tanto a áreas urbanas como rurales, mientras que
las condiciones de acceso a la salud y a la educación de calidad son cada vez
más inequitativas. No solo no se distribuye la riqueza, sino que esta tiende
a reconcentrarse en ciertos grupos privilegiados y se ensanchan las brechas
de desigualdad. Se deteriora la calidad de vida de las personas; recrudecen
la pobreza y el desempleo; se evidencia una caída en la mayoría de los
indicadores sociales.
En este escenario, la sociedad está poco movilizada: no hay una predisposición
para participar en los asuntos públicos. Los índices de desconfianza y
descrédito hacia las entidades estatales alcanzan niveles máximos; se las
considera incapaces de dar respuesta a las necesidades más elementales de
la población. Se cree que participar políticamente no tendrá ningún impacto
en la realidad, lo que redunda en el desinterés colectivo6. Con sus necesidades
básicas insatisfechas, se diluyen los reclamos para avanzar hacia una mayor
equidad de género, derechos generacionales o étnicos. En consecuencia, el
Estado no se siente compelido a respaldar ni a ampliar derechos, por lo que
tampoco avanza en el fomento a la democracia intercultural.
Los alcances de la crisis económica han replegado a organizaciones
tradicionalmente activas, que priorizan ahora su subsistencia cotidiana y no
responden masivamente a la convocatoria de sus líderes. Las movilizaciones
son escasas y no generan eco en la agenda pública. No obstante, las
tensiones entre sectores de la sociedad se incrementan y presentan
tintes de violencia. Se incrementa la presión sobre los recursos escasos
(particularmente los naturales, que continúan siendo la principal fuente
de generación de ingresos), y ello tiende a aumentar la competencia entre
actores por su control, llegando a enfrentamientos. Al entrar en juego la
6 Esto puede ser también el resultado de movilizaciones sociales que no fueron tomadas en cuenta por el Estado,
como lo ocurrido en el tercer escenario. “Un descontento prolongado tiende a producir apatía y alejamiento del
sistema político, pues es señal de que el sistema no responde a los inputs de los ciudadanos. La relación entre las
variables apatía y descontento tendría, entonces, que tomar en cuenta el factor tiempo” (Romano, 2015).
37
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
propia supervivencia, es escasa la predisposición de los actores al diálogo.
Por su parte, el Estado muestra una exigua o nula capacidad para contribuir a
su gestión constructiva: no analiza el trasfondo de las pugnas y las considera
un problema más para resolver –frecuentemente, a través del uso de la
fuerza–; en consecuencia, no se toman medidas para transformar sus causas,
concentrándose en las manifestaciones coyunturales. Ello puede generar
que estas controversias se reproduzcan permanentemente, erosionando los
lazos sociales, con consecuencias para la convivencia democrática.
El sistema de representación se encuentra aún más debilitado y no es capaz
de traducir la compleja realidad social en propuestas para reconducir la
delicada situación económica y social. Internamente, las organizaciones
políticas no han podido avanzar en sus procesos de democratización ni en la
renovación de sus liderazgos. Tampoco aparecen en la escena pública otros
actores con ideas para sortear la crisis, lo que reduce las posibilidades de
reconducir las políticas estatales en el corto e incluso en el mediano plazo.
d. “Bonanza administrada por el Estado sin participación de la sociedad.
El escenario de la apatía democrática”
Este escenario se caracteriza por una alta capacidad estatal para gestionar y
distribuir recursos, pero una baja capacidad de la sociedad para administrar
sus diversidades. Es el escenario de las decisiones de gabinete y de la
democracia de espectadores.
El Estado, a través de sus políticas, logra avanzar hacia la transformación de la
matriz productiva del país, superando paulatinamente la dependencia sobre
los recursos naturales. Se diversifican las fuentes de riqueza y de recaudación
de fondos, lo que redunda en la captación de un importante caudal de ingresos
para el erario público. Se prioriza la contratación de personal calificado para
administrar adecuada y transparentemente ese excedente, lo que permite
fortalecer la gestión económica estatal y asignar recursos para satisfacer las
necesidades de la población. Se asegura la provisión suficiente y regular de
servicios básicos, así como un acceso relativamente equitativo a la salud y la
educación, que prometen mejorar en términos de calidad. No obstante, esta
38
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
distribución es el resultado de decisiones gestadas en gabinetes técnicos y
políticos que no incluyen las voces de la sociedad y que corren riesgo de no
reflejar sus expectativas, intereses y necesidades.
El gobierno central, los gobiernos departamentales, los gobiernos municipales
y los autogobiernos indígenas logran consensos fundamentales en torno a
cómo crear y distribuir recursos entre los distintos niveles territoriales del
país, pero sin incluir las visiones de actores regionales y locales en el proceso.
Las autonomías logran avanzar en términos financieros. No se promueve el
ejercicio de diferentes democracias ni se generan canales extraelectorales
de participación y control social, por lo que la democracia vuelve a ser
esencialmente representativa. Desde el Estado se instala un mecanismo de
administración de la diversidad que consiste en no reconocerla ni potenciarla:
la sociedad se compone de un cúmulo de individuos que participan en la
toma de decisiones exclusivamente en momentos electorales.
El poco o nulo involucramiento de la sociedad en los asuntos públicos se
alimenta de dicha decisión estatal, pero también de la falta de interés y
predisposición que muestra la ciudadanía en este escenario. Es una sociedad
desinformada y poco movilizada, acostumbrada y conforme con una situación
favorable en términos socioeconómicos que no pretende modificar. Es una
democracia de espectadores (Milbrath, 1977), con sectores que participan
muy esporádicamente en el quehacer público. No se moviliza para ampliar
sus derechos, por lo que el Estado no se siente compelido a priorizar su
reconocimiento ni su ejercicio. Se desarticulan varias organizaciones sociales.
Se atenúan valores ciudadanos colectivos como la empatía y la solidaridad, lo
que puede derivar en un deterioro de los lazos sociales, con consecuencias
para la convivencia. Se debilita la capacidad de escuchar/entender al otro
diferente: ante una controversia, los actores pueden tender a reafirmarse
en sus posturas, dificultando el entendimiento y el arribo a soluciones
constructivas y dialógicas. Ello puede activar focos de violencia.
Las organizaciones políticas están activamente involucradas en la
construcción de pactos políticos y económicos, pero, como no reciben ni
39
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
el estímulo ni la presión social para renovarse internamente, no lo hacen.
La ciudadanía está cada vez menos interesada en enrolarse en las filas
partidarias, y los pocos militantes existentes no ejercen como tales. Como
resultado, los liderazgos permanecen inalterables, mientras que sectores
como mujeres y jóvenes se mantienen excluidos.
A pesar de la estabilidad económica. no hay grandes trasformaciones
sociales o políticas que favorezcan al conjunto de la sociedad y permitan que
esta ejerza plenamente sus derechos y obligaciones individuales y colectivas.
5. Los actores articuladores y sus decisiones
¿Cuáles son los actores capaces de alterar los posibles escenarios antes
descritos? Las y los jóvenes del FNJ identificaron 21 actores y los agruparon
en función de su influencia sobre los demás actores y de su dependencia
respecto a ellos (cuando los demás actores influyen sobre él).
Los actores articuladores son los más influyentes y dependientes a la vez.
Sus decisiones y acciones son las que producen mayores alteraciones en el
sistema, por lo que resulta ineludible trabajar en coordinación con ellos para
alcanzar el mejor escenario o evitar el peor. Estos actores son la ciudadanía
organizada, el partido oficialista, los partidos de oposición, la Asamblea
Legislativa Plurinacional, el Órgano Ejecutivo y las gobernaciones.
Los actores de poder tienen alta influencia junto a una baja dependencia,
es decir que influyen mucho sobre los otros, pero los demás no influyen
sobre ellos. Sus características hacen pertinente, aunque no indispensable,
trabajar con ellos. Estos actores son los empresarios privados, la cooperación
internacional, la Central Obrera Boliviana y los comités cívicos.
Los actores de salida no son influyentes, pero sí dependientes: no alteran a
los demás actores, aunque sí se ven influidos por ellos. No resulta prioritario
trabajar con ellos. Los actores ubicados en este grupo son los municipios.
40
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
Los actores autónomos no influyen ni dependen de los demás, tienen una
baja incidencia en el devenir de los escenarios y, por tanto, conviene priorizar
a los anteriores para realizar acciones coordinadas. Son las universidades,
las iglesias, el Órgano Electoral Plurinacional, la Coordinadora Nacional para
el Cambio (CONALCAM), Comité Nacional de Defensa de la Democracia
(CONADE), los pueblos indígena originario campesinos y la Defensoría del
Pueblo.
De acuerdo con lo señalado, son los actores del primer grupo los que tienen
mayor capacidad para alterar el curso de los escenarios, por lo que sus
decisiones serán fundamentales para alcanzar el escenario de la “Democracia
Intercultural” y evitar la concreción de la “Democracia en Crisis”. ¿Qué cursos
de acción debieran tomar estos actores?
Ciudadanía organizada. Para contribuir a alcanzar el primer escenario, las
organizaciones y los grupos de la sociedad civil deben mantenerse activos
y definir estratégicamente los objetivos de sus movilizaciones. Estas
deben estar enfocadas a demandar al Estado, así como a los otros actores
del sistema, protección y expansión de los derechos de toda la sociedad,
en particular de los grupos tradicionalmente excluidos, como mujeres,
jóvenes y pueblos indígenas. Asimismo, deben continuar impulsando la
participación, el control social y la fiscalización de la sociedad hacia el Estado,
así como exigir que este rinda cuentas de manera regular y transparente.
Las movilizaciones deben tener un carácter constructivo: ser no violentas
y con capacidad de propuesta, no solo de demanda. Las decisiones que,
por el contrario, pueden abonar el camino que conduce al peor escenario
son: la promoción de movilizaciones antiderechos, que impidan ampliar
prerrogativas para determinados sectores de la sociedad o que demanden
retroceder en derechos ya conquistados; partidización de las organizaciones
de la sociedad, respondiendo a intereses particulares y no a intereses
sociales; incentivo a la violencia en los conflictos sociales; promoción de la
desinformación en medios tradicionales y no tradicionales.
41
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
Partidos políticos (oficialismo y oposición). Para avanzar hacia el
escenario de la democracia intercultural, los partidos políticos, tanto del
oficialismo como de la oposición, deben tomar la decisión de trabajar en
su funcionamiento interno: promover la paridad de género, la inclusión de
jóvenes, la descolonización, la renovación de liderazgos, la descentralización
y la democracia interna. También se debe incentivar la formación política y
académica de cuadros. Por otro lado, deben abocarse a ejercer una mediación
efectiva entre Estado y sociedad; ello implica dejar de ser autorreferenciales,
comprometerse con las necesidades del país y ser los primeros en respetar
la normativa. Hacia afuera, la oposición debe ser constructiva: propositiva,
identificando alternativas para dar solución a los desafíos de las democracias
y orientada a alcanzar consensos. Por su parte, el oficialismo debe
comprometerse a transparentar toda la estructura estatal, fiscalizando
cada una de sus instancias independientemente de las afinidades políticas
y condenando firmemente la corrupción. El oficialismo debe mostrar,
asimismo, congruencia entre el discurso y la acción y también promover la
generación de acuerdos entre partidos. Por el contrario, las decisiones de los
partidos que pueden conducir al escenario menos deseado son la promoción
de discursos polarizantes y anacrónicos, ser muy permeables a la influencia
extranjera, imponer posturas y bloquear alternativas en los espacios
interpartidarios, no promover liderazgos ni renovarse internamente,
así como mantener vigentes el patriarcado, la exclusión de jóvenes y la
vulneración de derechos sexuales en sus estructuras.
Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). Las decisiones de la ALP que
pueden conducir al mejor escenario prospectivo tienen que ver con la
representación efectiva de los intereses del conjunto de la sociedad y no
solamente aquellos de los partidos que patrocinaron a las y los asambleístas.
Entre otros elementos, esto supone cumplir efectivamente el trabajo
territorial y sectorial que tienen por mandato: recoger periódicamente las
expectativas, intereses y necesidades de los territorios y sectores a los que
representan y reflejarlos en iniciativas que los favorezcan, particularmente
en lo que respecta a actores vulnerables, como mujeres, jóvenes e indígenas.
42
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
También que las distintas fuerzas políticas estén predispuestas al diálogo y
a la gobernabilidad, pero bajo una lógica de beneficio al país y no de pacto
con meros fines particulares, políticos o económicos. Asimismo, se esperaría
que realicen efectivamente sus labores de fiscalización y lucha contra la
corrupción en toda la estructura estatal, sin tomar en cuenta afinidades
políticas, y que promuevan actualicen/impulsen leyes que garanticen
el ejercicio de los derechos humanos, combatiendo el patriarcado y el
adultocentrismo. Finalmente, la ALP en su conjunto debiera transparentarse,
digitalizarse (gobierno digital) y desburocratizarse, así como velar por su
autonomía del resto de los poderes del Estado y cumplir plenamente su
función de generación de contrapesos y equilibrios en el ejercicio del poder.
Las medidas que podrían conducir a un contexto de “democracia en crisis”
son que la ALP asuma una posición monocromática, con incapacidad de poner
en agenda temas de relevancia para el país o que predomine un solo partido
que no incluya visiones y propuestas de los demás; que esté ocupada por
asambleístas que no cumplen con sus funciones o que protagonicen actos de
transfugio; que no impulse medidas para la digitalización, desburocratización
y promoción de la transparencia en sus dependencias y en el resto de las
instancias públicas; que no sea independiente/autónoma y sea cooptada
por el Órgano Ejecutivo; que predomine una lógica de imposición, bloqueo
e ingobernabilidad. Finalmente, que se diluya la agenda de derechos de las
mujeres, jóvenes y pueblos indígenas
Gobernaciones. Las gobernaciones aportarán a la construcción del primer
escenario en la medida en que se concentren en lograr una gestión pública
calificada y eficiente, sobre la base de las competencias que legalmente
se les atribuyen. Ello implica cumplir y hacer cumplir las normas, gestionar
transparentemente los recursos (incluyendo las licitaciones y contrataciones
públicas), implementar medidas de Gobierno Abierto, planificar y ejecutar
políticas con la participación de la ciudadanía, equilibrar la atención
brindada tanto a las áreas urbanas como rurales de cada departamento
promoviendo una distribución equitativa de recursos entre municipios
y trabajar coordinadamente con otros niveles estatales para resolver
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DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
conflictos de límites municipales. Asimismo, deberán trabajar en lograr un
pacto fiscal, con el gobierno central, con los gobiernos municipales, con
otras gobernaciones y también con los diferentes actores económicos de su
región, identificando creativamente maneras de generar recursos propios
más allá de las transferencias nacionales. Por el contrario, las decisiones que
pueden llevar al peor escenario identificado incluyen: optar por encerrarse
en sus posiciones y no construir acuerdos para alcanzar el pacto fiscal;
demostrar desinterés y apatía hacia las necesidades de la población; ejecutar
proyectos poco sostenibles y carentes de impacto social; no realizar un
trabajo coordinado con los municipios; no representar intereses municipales
ante el gobierno central por motivos político-partidarios; elaborar planes de
desarrollo desconectados de las realidades territoriales y no implementar
políticas de transparencia/lucha contra la corrupción en la gestión de
programas y recursos.
Órgano Ejecutivo. Las acciones que el Órgano Ejecutivo podría emprender
para avanzar hacia el escenario óptimo son: impulsar la meritocracia, para
que los cargos públicos que requieren un perfil técnico sean ocupados por
personal competente; mantener una agenda progresista por parte del
Ejecutivo entrante (de cara a las próximas elecciones generales); administrar
sosteniblemente los recursos naturales, lo que implica dar pasos decisivos
en la transformación de la base productiva del país y en las políticas de
protección medioambiental; respetar la independencia de los demás
órganos del Estado y los sistemas de pesos y contrapesos de poder que
establecen la Constitución y las leyes; alentar la pluralidad de voces y de
actores en la toma de decisiones, conformando conjuntamente agendas de
trabajo y promoviendo sistemáticamente la paridad de género, así como la
inclusión de pueblos indígenas. Por el contrario, las decisiones que pueden
alimentar la configuración de un escenario adverso son: la politización de
cargos técnicos, priorizando las afinidades partidarias en lugar de la atención
eficiente y eficaz de los grandes desafíos del país; la desinstitucionalización
del Estado, lo cual, además del punto anterior, implica: ausencia de una
estructura sólida basada en normas de estricto cumplimiento y su traducción
44
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
en decisiones/acciones, falta de transparencia, capacidad de reflejar en
políticas públicas las demandas sociales, entre otros elementos; corrupción
y despilfarro de los recursos públicos; poca apertura al diálogo y a la
integración de opiniones diferentes con posturas cercanas al autoritarismo;
injerencia de intereses externos para beneficiar a determinados actores, y
desconocimiento y/o rechazo de la agenda del Ejecutivo cesante por parte
del entrante.
6. Apuntes de cierre
Haciendo un balance de las democracias en la actualidad, las y los jóvenes
coinciden en destacar como aspectos positivos la ampliación de la
democracia, que dejó de ser meramente representativa; la participación
activa en la política de varios sectores antes marginados, como pueblos
indígenas, organizaciones campesinas y sindicales, entre otros. También el
potenciamiento de la soberanía y la reducción de la injerencia internacional en
los asuntos internos del país. Como aspectos negativos, se señala la situación
interna de las organizaciones políticas y la escasa presencia de mujeres
y jóvenes en sus estructuras, la debilidad institucional existente en todos
los niveles del Estado (alta rotación de autoridades, falra de capacidades
de gestión, puestos ocupados por afinidades políticas, corrupción), la falta
de independencia entre los órganos estatales y la precaria conciencia
medioambiental de la ciudadanía. Se mantienen como temas para el debate
hasta qué punto la democracia boliviana es hoy verdaderamente inclusiva,
cuánto hemos avanzado, o más bien retrocedido, en términos de respeto
al otro diferente y cómo debe ejercerse el poder en democracia, teniendo
en cuenta las tensiones existentes entre legalidad y legitimidad. También
queda como interrogante la manera en que se resuelven –o no– en la
práctica eventuales colisiones entre derechos, principios, valores y otras
características inherentes a la pluralidad de concepciones y prácticas de
democracia hoy vigentes.
Sin perjuicio de continuar la reflexión en torno a cómo zanjar tensiones o
situaciones conflictivas puntuales, la democracia intercultural aparece
45
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
como un ámbito de confluencia de las democracias en disputa, dado
que cobija dichas visiones y ejercicios diversos. El sentido que se le
ha dado a esta noción combina la mirada formal/institucional, que la
entiende como articulación y complementariedad entre las democracias
constitucionalmente reconocidas, con una perspectiva social y valórica que
apunta a la convivencia entre diferentes. Ello no implica plantear un ideal
de sociedad sin problemas ni conflictos, puesto que estos son inevitables,
sino más bien un horizonte en el que la pluralidad, con sus luces y sombras,
sea capaz de encontrar derroteros constructivos. Estos elementos, junto
con capacidades estatales fortalecidas para administrar y distribuir recursos,
son los que, centralmente, conformarían un escenario prospectivo óptimo
desde la mirada de los jóvenes.
Sin embargo, el camino hacia dicho escenario se encuentra con un obstáculo
mayor: el de la transformación estructural de relaciones desiguales de poder.
En efecto, a pesar de los avances, no se han alterado las bases de los sistemas
que reproducen las inequidades entre hombres y mujeres, entre jóvenes
y adultos o entre indígenas y no indígenas, solo por mencionar algunos
sectores. Así, mientras no se desmonten el patriarcado, el adultocentrismo
y el colonialismo, entre otros, será difícil avanzar en la construcción de una
sociedad más equitativa, intercultural y con relaciones simétricas entre
diferentes.
En este sentido, resultan cruciales las decisiones que tomen los actores
articuladores. Y tales actores pertenecen tanto a las esferas estatales
como a la sociedad civil. Es tarea urgente y corresponsabilidad de ambos
trabajar para guiar a Bolivia hacia un escenario de democracia intercultural
y estabilidad económica o, por el contrario, conducirla hacia la crisis. De esta
manera, la confluencia de capacidades Estado-sociedad aparece como la
fuerza motora-madre de los devenires de las democracias.
Las y los jóvenes se autoidentifican también como constructores de su
futuro y corresponsables en la conducción del país hacia escenarios de
democracia(s) plena(s). En este marco, consideran que una de sus misiones
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FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
es contribuir a renovar la política, y dotarla de nuevos sentidos y prácticas.
Las organizaciones a las que pertenecen las y los participantes del FNJ
son, según ellos mismos, espacios de incidencia desde los cuales se puede
contribuir a este fin. Los desafíos identificados son numerosos, entre
ellos: continuar alentando recambios generacionales en las organizaciones
políticas, siempre con enfoque paritario; desmontar prejuicios y estereotipos
sobre las y los jóvenes, que los mantienen aún alejados de la mayoría de los
ámbitos decisorios; insertar, en distintos ámbitos de influencia, la idea de
que, a pesar de las diferencias ideológicas, es posible construir proyectos
comunes de país; estimular a las juventudes de organizaciones políticas a
no concentrarse únicamente en lo político partidario sino también en el
diseño, implementación y evaluación de políticas públicas; acceder y tener
presencia efectiva en múltiples espacios, dentro y fuera del Estado, y no
restringirse a participar solamente de organizaciones de jóvenes. Asimismo,
se plantea como necesario continuar trabajando para articular jóvenes en
torno a la común identidad generacional, que las y los une más allá de las
diferencias políticas. Todos los desafíos, consideran, se podrán enfrentar de
mejor manera en la medida en que las y los jóvenes promuevan sus propios
procesos de formación, información y generación de debates calificados. Y
estos son elementos que han sido priorizados en el marco del Foro Nacional
de Jóvenes.
47
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
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49
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
Anexo
Lista de participantes del Foro Nacional de Jóvenes entre 2017 y 2019
Abraham García
Adolfo Cerrudo Dávila
Adrián Chambi Quenta
Adrián Michel Ticona
Adriana Fernández Veizaga
Alejandro Bellota Quisbert
Alina Rojas Peñarrieta
Alison Beyer del Río
América Jenny Velasco Espinoza
Ana Gabriela Chambilla
Andrea Morales Rivero
Andrea Romero Sotomayor
Andrés Velasco
Anelis Callisaya
Ángel Morales
Armando Cruz Choque
Arminda Machicado Sanizo
Brayan Mercado
Carla Casa Guarabia
Carla Rocío Estrada Cortes
Cecilia Huaynoca Guzmán
Cesilia Fernández C
Claudia Campos Limachi
Cristian Choque R.
C. Willams Daza M.
Daniela Rosso Conde
Daniela Siles
David Cepeda
David Veizaga F.
CIDOB
CIDOB - CIPROAR
Transformarte/Inti Watana
RPS
Fundación para el Periodismo
Cultiva Libertad
mARTadero
SOL.bo
Juventudes YLGB Bolivia
Red de Participación Juvenil
Generación Evo
SOL.bo
Generación Evo
Juntos es Posible
La Resistencia
TSCB
6 Federaciones Juventudes
SOL.bo
Plataforma Juvenil El Alto/
Juventud Potosina
CREO
Trabajadores Sociales Comunitarios
Transformarte
CREO
TSCB
COD Tarija
Integración Activa
Metamorfosis
Confederación
50
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
Dennis Lucio Vallejos Usnayo
Denisse Katherine Quirós
Diego Lovera Quispe
Erick González Lafuente
Estefani Tapia
Esther E. Del Carpio Mendoza
Ever Choque Apaza
Florencia Andrea Avila
Geraldine Nicole Vélez Loza
Germana Montalvo
Gino Cuentas Arce
Guido Calcina Manchego
Harold Daniel Ledezma Pérez
Hidelberto Vargas
Iván Arce Aramayo
Jahel Graciela Quintanilla Mercado
Jazmine Celenne Ortiz Sánchez
Jeanneth R. Pérez A.
Jenny Roxana Condori
Jesús Alberto Huanaco
Jhonn Carlos Manriquez Ch.
Jimena Huarachi
Joaquín Janco M.
Joel Guzmán M.
Jorge Rocabado
Juan Andrés Clavijo
Juan Carlos Churo
Kely Mundarain
Kevin Donaire
Kevin Larico Condori
Kleber Alvarez
Lidia Cruz Mirma
51
DEMOCRACIAS EN DISPUTA Y EL HORIZONTE DE LA DEMOCRACIA INTERCULTURAL
Leoncio Ortíz Espinoza
Leonel Banegas
Leticia Avila
Luana Andrea Aguilar Ruilova
Marcelo Blanco Gutiérrez
Marco Gutiérrez
María Celeste Ricaldi Muñoz
María Inmaculada Vásquez L.
María Magdalena
Maribel Flores V.
Mariela Benito Cuéllar
Matilde Rada
Marcelo L. Fernández
Mauricio Rodríguez
Mauricio Sánchez
Michael Colque
Miguel A. Delgado Alcalá
Nadesdha Guevara
Narda Aracely Mercado Alvarez
Nayeli Escalante
Nicolás Hinojosa
Noel Fuentes
Noelia Yujra
Noemí Marisol Mamani Huanca
Omar Ángel Morales A.
Pablo Puca
Pablo Velázquez
Paola Quispe A.
Patricia Ponce
Ramón Aguilera
Randy Crespo Silvestre
Raúl García H.
COD Chuquisaca
OIP
CREO
Organización Juventud Potosí
Fundación para el Periodismo
GENTE
OIP
CREO
CIDOB
CIDOB
TSCB
La Casa de Lxs Ningunxs
Metamorfosis
Columna Sur
SOL.bo
Juventudes Potosí
CREO
BSR
CSUTCB
---
PRD
Metamorfosis
Columna Sur
Red de Participación Juvenil
Generación Evo
Construyendo
MINKA
Comunidad Rosa Luxemburgo
SOL.bo
CIDOB
Interculturales
Transformarte
52
FES Y FORO NACIONAL DE JÓVENES
FUENTE:
FES
(01-08-2019)