Es difícil ser Gabriela

El Gobierno de Evo Morales tomó la decisión de conformar una comisión parlamentaria que investigue el caso CAMCE/Gabriela Zapata. ¿Qué sucedió? Pues nada que no fuera abrumadoramente previsible. Destaca el hecho de emprender una investigación que involucra a Evo Morales sin convocar a Evo Morales. Recordemos que el tenor de la investigación era uno: verificar si se produjo algún tráfico de influencias teniendo en cuenta que la señorita Zapata, quien fuera su pareja (del presidente), manejaba contratos por astronómicas cifras.
El Gobierno de Evo Morales tomó la decisión de conformar una comisión parlamentaria que investigue el caso CAMCE/Gabriela Zapata. ¿Qué sucedió? Pues nada que no fuera abrumadoramente previsible. Destaca el hecho de emprender una investigación que involucra a Evo Morales sin convocar a Evo Morales. Recordemos que el tenor de la investigación era uno: verificar si se produjo algún tráfico de influencias teniendo en cuenta que la señorita Zapata, quien fuera su pareja (del presidente), manejaba contratos por astronómicas cifras. Debo afirmar sin duda alguna que la sola conformación de esta comisión me pareció una acrobacia política ciertamente llamativa. Ya la sola constatación de que una mujer de 26 años (para entonces), carente de alguna formación universitaria, expareja del presidente, tenía la gerencia de una empresa que manejaba montos que rondan los $us 500 millones, me hubiese parecido suficiente para admitir la culpa. A ver, seamos serios. Repito lo dicho previamente: una mujer de poco más de un cuarto de siglo es la responsable de contratos por montos que rondan los $us 500 millones. Tantos ceros confunden, por lo que se hace necesario ilustrar las cifras. Esos 500 millones servirían para dar un sueldo mínimo mensual a aproximadamente 2 millones de ciudadanos bolivianos; o dar ese mismo salario a 175.000 ciudadanos bolivianos por un año entero. Pero no, el dinero no va a esos compatriotas. Va a la gerente de CAMCE que aunque no cuenta con título alguno -¡no ha pasado más que algunas materias en la universidad!-, es la encargada de velar por el buen uso de esos recursos. Admirable. Hay dos opciones: o la señorita es un genio de los negocios o es una ciudadana que tuvo un vínculo sentimental con el presidente. Por las acciones que ha tomado el Gobierno, encerrando a la susodicha, es obvio que la muchacha, genio no es. ¿Qué otra opción queda? Pues que hubo tráfico de influencias. Lo digo sin rubor y también asevero sin contemplación alguna que me moriría de vergüenza de formar parte de esa comisión (claramente me refiero a los representantes del MAS). Conviene recordarles a estos honorables algunas investigaciones. Precisamente el investigador del CEDLA, Bruno Rojas, explicaba en 2013 que, de acuerdo a una encuesta realizada en el eje troncal del país, el 65% del empleo generado pertenecía al sector informal y el 35% ciento al empleo formal. Indicaba que el 70% del total de los empleos generados eran precarios; es decir, no contaban con beneficios sociales ni aportes a las AFP. La precariedad incluso llegaba al ámbito formal. ¿Qué se deduce hasta acá? Está claro: los empleos que se van generando en el país distan mucho del que tiene o tenía Gabriela. Pero sigamos con los datos: las cifras revelan que el 50% de la población desempleada en Bolivia, entre mujeres y varones, son jóvenes. ¡La mitad de los desempleados son jóvenes! ¿Hay más? Sí, veamos: en junio de 2013, en colaboración con el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo (IRD, sigla en francés), el CEDLA realizó una Encuesta de Empleo y Salarios dirigida hacia la población en el rango de 15 a 29 años de edad. La socióloga Silvia Escóbar explicaba que, \"en el momento de la encuesta, tres de cada 10 jóvenes entre los 15 y 19 años estaba trabajando o buscando activamente un trabajo, es decir ya formaban parte de la fuerza laboral de la ciudad, la proporción era del doble entre los jóvenes 20 y 24 años (seis de cada 10) y era ocho de cada 10 luego de los 25 años”. ¿Cuál es la conclusión de estos datos? No hay duda: ¡es cruelmente difícil para cualquier boliviano joven tener un empleo! La conclusión de Escóbar refuerza esta idea: “el desempleo y la precariedad laboral resultan mayores entre los jóvenes, un panorama que sucedía y sucede a pesar del dinamismo económico, basado en las exportaciones de productos primarios, la construcción, el comercio de bienes importados y, aunque en menor medida, la reactivación de los sectores productivos”. Añadía que \"además, mientras más alto es el nivel educativo que han logrado alcanzar, mayor es su exposición al desempleo. Esto refleja que las nuevas condiciones económicas del país no han tenido el impacto esperado en la generación de empleos, ni han posibilitado el tránsito desde la demanda de mano de obra no calificada a otra con mayor calificación. Los efectos de esta situación los sufren principalmente los jóvenes. Eso se demuestra en una relación discontinua entre los jóvenes y el empleo. Es decir que esa población entra y sale con frecuencia de la actividad en el mercado laboral. En 2012, solamente el 23% de los menores de 25 años había estado ocupado todo el año; el porcentaje aumentó a 43% entre los mayores de 25 años, pero la cifra continuaba siendo baja\". ¿Queda alguna duda de lo arduo que es, como joven, no sólo tener un empleo sino mantenerlo? No, no queda duda. Pero hay más: los ‘empleos ilustrados’, es decir, aquellos destinados a jóvenes que han obtenido su título profesional. ¿Qué sucede con ellos? Sépase que del 100% de profesionales, sólo el 50% trabaja en su profesión. Y lo que es peor, de los 170.000 jóvenes que concluyen la universidad, sólo la mitad consigue un empleo. Volvamos pues a nuestra reflexión. Teniendo en cuenta este panorama, ¿es fácil ser Gabriela Zapata? No, no sólo no es fácil, sino que es imposible…a no ser que como ‘cara conocida’ tengas injerencia sobre las decisiones que tienen que ver con la plata de todos los bolivianos. Por eso, que la comisión siga haciendo sus viajes ‘verificando’ que todo funciona a la perfección. Que lo siga haciendo, no dándose cuenta que lo único que verdaderamente comprueba es su absoluta complacencia con este caso de evidente tráfico de influencias
FUENTE: EL DEBER             (28-03-2016)