Emancipación y liberación
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Para pensadores como los argentinos Enrique Dussel y Walter Mignolo hay una distinción central entre el discurso de la emancipación y el discurso de la liberación. El primero, señala Dussel, pertenece a la ilustración europea. La referencia inmediata la encontramos en Immanuel Kant para quien la ilustración es la emancipación del ser humano, entendida como la salida consciente y racional de su culpable inmadurez. Mignolo explica que la idea de emancipación se funda en tres experiencias revolucionarias: (i) la revolución gloriosa de 1688 guiada por la burguesía británica con el apoyo de los levelers desde 1648; (ii) la revolución norteamericana de 1776 llevada a cabo por los colonos de Nueva Inglaterra y de Virginia contra el conservadurismo inglés y; (iii) la revolución francesa de 1789 que retrata el desplazamiento de la nobleza y la monarquía francesa por parte de la burguesía. Y ni siquiera, para Mignolo, la revolución rusa de 1917 se distanció de los principios de modernidad heredados de la tradición ilustrada europea, en tanto existen en los escritos marxistas ideas variadas de emancipación de la clase trabajadora.
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Por otro lado, liberación nos remite a los movimientos sociales de «liberación nacional» en África y Asia, como a los momentos de insurgencia indígena y afrodescendiente en América, en particular las luchas indígenas de Tupac Amaru (1781), Tupac Katari (1781) y la revolución haitiana (1804), que casualmente no fueron consideradas propiamente revoluciones, porque no se subsumían en el concepto liberal ilustrado de revolución y porque introducían cosmologías otras, que cuestionaban la lógica de la modernidad, revelando su lado oscuro y oculto: la colonialidad. Por ello, «emancipación» es el movimiento en la misma retórica de la modernidad que explica la idea misma de revolución como búsqueda de la libertad del sujeto racional emancipado descrito por Kant, en tanto «liberación» necesariamente denuncia la violencia introducida por la modernidad europea, la misma que se desarrolló a costa de una alteridad (un otro pensado inferior) al cual no solo subordinó sino que invisibilizó y lo remitió a la condición de menor de edad, que debía ser evangelizado, educado, individualizado y liberado. Esta minoría de edad le evitaba al subalterno, por ejemplo, abandonar la casa de sus señores, pese a que instrumentos constitucionales modernos lo declaraban hombre libre, como lo explicita el artículo 11 de la Constitución boliviana de 1826 redactada por el libertador Simón Bolívar: «Todos los que hasta el día han sido esclavos quedarán de derecho libres, pero no podrán abandonar la casa de sus antiguos señores».
Todo esto nos revela que la idea de libertad no es tan libertaria como se pretende, o por lo menos no lo es para algunos.
(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA
FUENTE:
LA RAZÓN
(15-05-2023)