Chile, de un extremo a otro
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De no ser por las pruebas, costaría creer que en apenas dos años la tendencia en Chile ha pasado de un extremo al otro; de priorizar una reforma a la Constitución revolucionaria y progresista a inclinarse por un texto en el que los constituyentes elegidos representan a la extrema derecha. Es más, de elegir como presidente a un joven representante precisamente de esas corrientes de izquierda que se empoderaron en las calles desde las protestas de 2019, a apostar por el ultraconservadurismo del Partido Republicano.
Según los reportes electorales, con más del 99% de votos escrutados, la formación de José Antonio Kast -el candidato de la derecha radical que perdió las presidenciales de 2021 frente al líder actual del país Gabriel Boric-, acaparó más de un 35% de los votos.
De esta forma, el Consejo Constituyente de 51 miembros que fue elegido el domingo pasado, tendrá 23 de los escaños ocupados por los ultraderechistas del Partido Republicano, mientras las fuerzas oficialistas tendrán 16 y la derecha tradicional, 11.
Será esta derecha, entonces, la que –seguramente en alianza entre tradicionales y radicales- tendrá el cometido de redactar una nueva Constitución para reemplazar la actual (heredada del régimen militar de Augusto Pinochet). Se intuye, en consecuencia, que el texto discutido desde 2019, sufrirá un giro completo.
En ese texto amas de casa, abogados, ambientalistas e independientes, que conformaron la mayoritaria “Lista del Pueblo”, redactaron una propuesta que consignaba el derecho al aborto, una justicia indígena y reemplazaba al Senado por un cuerpo legislativo de menor poder, entre otras posturas calificadas de extremas y que terminaron ahuyentando al electorado.
Esta propuesta, fue a la vez la bandera de lucha de la coalición de izquierdas que llevó al poder a Gabriel Boric, quien hizo suya la misión de reformar la Constitución con una mirada más inclusiva de la sociedad chilena.
Ahora será el Partido Republicano el que coja la posta de esta misión inconclusa, reflejando seguramente otros principios y objetivos de los que inspiraron el proceso que ahora ha quedado enterrado.
¿Qué lecciones trae este resultado? La primera es que el país ha dejado de lado su interés por una nueva Constitución y se encuentra ahora más preocupado por la inseguridad, la inflación y la migración; la segunda, es el fracaso de la apuesta del gobierno de Boric, que había empeñado su palabra y su mandato en este objetivo.
Otro aspecto que surge es el distanciamiento de los partidos políticos de las pulsiones de la ciudadanía; esto se ve reflejado en el alto número de votos nulos y blancos en esta elección, pese a que votó alrededor del 80% del padrón electoral -ya que el voto fue obligatorio-, dos millones de electores votaron nulo y cerca de medio millón lo hizo en blanco.
Los escenarios a futuro son, como sostiene el analista chileno Gabriel Gaspar, o de atrincheramiento o de co-habitación; y al parecer esta segunda opción sería la que el gobierno de Boric adoptaría según lo hicieron conocer sus colaboradores después de una reunión de evaluación de la derrota.
“Es importante no caer en atrincheramientos”, dijo la vocera gubernamental, Camila Vallejo. “Lo más necesario en estos momentos es que (los consejeros) logren los acuerdos que el país requiere, que logren establecer las normas constitucionales que más representan a las diversidades democráticas y dibujar los caminos que nos permitan ir hacia un mejor futuro”.
Parece sensato, pero difícil saber si será posible. Los triunfadores de esta contienda constitucional han expresado su decisión de “evitar que la izquierda radical siga avanzando en instalar ideologías que hacen daño al país”, y eso no da lugar a puntos de encuentro.
Pero como se dice: si no puedes contra ellos, únete a ellos, y lo que resta ver es cómo encontrarán estas dos visiones tan opuestas los puntos de coincidencia.
Eso sí, queda en claro la extraordinaria fluidez de la sociedad chilena: en menos de cuatro años transitó de la indignación contra el modelo y sus consecuencias sociales, a la demanda de orden y estabilidad.
El Consejo Constituyente de 51 miembros, elegido el domingo, tendrá 23 de los escaños ocupados por los ultraderechistas.
Si no
puedes contra ellos, únete a ellos, y lo que resta ver es cómo encontrarán estas dos visiones tan opuestas los puntos de coincidencia
FUENTE:
PAGINA SIETE
(10-05-2023)