Asedio al turismo en el Salar

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El Salar de Uyuni, conocido como el más grande del mundo, encabeza la lista de los lugares más visitados por el turismo en Bolivia. Ofrece una imagen impactante en cualquier época del año, por lo que la afluencia de visitantes es permanente. Eso también ha dado la suficiente confianza a empresarios del turismo –nacionales e internacionales- para mejorar la infraestructura hotelera de la zona, que hasta hace algunos años era a todas luces precaria; y a las agencias de viajes a promover y vender diversos paquetes que traen turistas de todo el planeta. Es sin duda un orgullo, ya que, como se sabe, el turismo es una fuente importante de ingresos para los países que ofrecen las condiciones para ello. Bolivia, a pesar de las diversas atracciones históricas y naturales que posee, no es un destino muy disputado –comparando con otros de la misma región-. Esto tiene que ver con factores como las conexiones aéreas –que son bastante largas y onerosas-, las facilidades de transporte y alojamiento y, lastimosamente, la seguridad. Sin ser uno de los países más inseguros de Latinoamérica, como se considera a Colombia o Brasil, Bolivia presenta un rasgo preocupante y es la falta de control en las rutas turísticas y la protección a los visitantes. Precisamente esto es lo que se ha vuelto a poner en el tapete hace unos días, en el feriado de Semana Santa: tres hoteles cercanos al Salar de Uyuni, en Potosí, fueron asediados y bloqueados por pobladores de Colchani que exigen a los propietarios de los inmuebles el pago de 35.000 dólares como “regalías” por tres años. Para presionarlos, restringieron el ingreso y salida de los turistas a la zona, incluso amenazaron con tomar medidas radicales, como quemar los hoteles. A través de un video que se difundió en redes sociales, se observó que varios vehículos fueron retenidos por algunos pobladores en el ingreso de esa zona turística, desde el jueves en la mañana. En ellos se observa a los agentes turísticos abogar porque se permita el paso de turistas extranjeros. “Hemos buscado una conciliación, pero no aceptan y es así que tomaron los hoteles. Esto es un atropello porque atentan contra el turismo y contra las empresas que tratamos de reactivarnos”, manifestó la propietaria del Hotel Cristal Samaña. La Cámara Nacional de Operadores de Turismo (Canotur) cuestionó esos hechos y advirtió que se pone en riesgo la inversión privada, pero más alarmante aún es que no exista presencia del Estado para impedir tales extremos y atropellos. Ni la Policía ni las autoridades municipales ni nacionales intervinieron para solucionar el problema. Tampoco el Viceministerio de Turismo, en Potosí, que según reportes sostuvo que no podía hacer nada porque era un conflicto privado. El vicepresidente de la Asociación Boliviana de Agencias de Turismo Receptivo (Abatur), Galo Saravia, lamentó que los operadores de turismo y los propietarios se encuentren indefensos, y pidió a las autoridades competentes intervenir y garantizar el trabajo de este sector. “La policía turística y todo el sistema de seguridad del Gobierno debe actuar, porque estamos hablando de hechos violentos en contra de los operadores de turismo. En ninguna parte del mundo se observa que una persona que trabaje y que tenga su emprendimiento, sea amedrentado por comunarios violentos”, observó. La falta de reacción e indiferencia de autoridades y fuerzas del orden dice mucho del Estado de Derecho y la seguridad jurídica en el país, pero también de cuánto se cuida la imagen del país y se valora el turismo. No solo se daña una de las fuentes potenciales de ingreso y se perjudica a quienes hacen esfuerzos por promover estos destinos, sino que se afecta incluso a las propias comunidades que viven alrededor y que podrían encontrar formas de sumarse a la cadena productiva y mejorar sus condiciones de vida. No es un tema menor. Precisamente ahora que necesitamos desarrollar modelos de negocios e ingresos fuera de los recursos naturales, es imprescindible que se preste atención al turismo y a las condiciones que se brinda para su incentivo. Como se sabe, el turismo es una fuente importante de ingresos para los países que ofrecen las condiciones para ello. La falta de reacción e indiferencia de autoridades y fuerzas del orden dice mucho del Estado de Derecho y la seguridad jurídica.
FUENTE: PAGINA SIETE             (11-04-2023)