La política de la desconfianza
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La desconfianza está instalada en la sociedad y eso tiene dos brazos desde los que se opera en este último tiempo: la política y la economía. Esta idea central me parece que tiene que ver justamente con la actitud que se ha ido tomando en la opinión pública en general; es decir, construir e instalar un ambiente constante de desconfianza.
Esa estrategia que se ha ido construyendo cuando menos en los últimos dos años, mediante la desconfianza en la política, se encuentra localizada específicamente en dos espacios que modulan la opinión pública: las redes sociales y los medios de comunicación. En las redes sociales, el principio de libertad de expresión se terminó por instalar en una especie de muletilla para no dar a conocer la fuente de la información o las pruebas, cuando se publica algo con el rótulo o mensaje verbal de ser “extraoficial”, y no me refiero a periodistas usando este argumento, sino a políticos y opinadores que buscan mediatizarse utilizando esta estrategia de desinformación.
De parte de los medios de comunicación, lo que tenemos y necesitamos es comenzar a debatir el papel de los medios como verdaderos actores políticos. Para bien o para mal, dejaron de ser meros actores informativos y pasaron a ser actores políticos, porque es a través de ellos que se modula el comportamiento de la opinión pública.
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En lo político, la desconfianza pretende estar instalada en una serie de acusaciones públicas, cuyo acompañamiento de imágenes y organigramas estridentes buscan tapar o disimular la falta de fondo de esas denuncias. Sirviendo solamente para un titular que tiene medios de comunicación listos para actuar como caja de resonancia para sumar más ruido mediático.
En lo económico, la desconfianza circula con una velocidad ya conocida en las redes sociales, de hecho ya llevamos al menos dos globos de ensayo al respecto: el mensaje de desabastecimiento de carne por el paro cruceño y la escasez de gasolina. En ambos casos, nos dimos cuenta de que al final todo se regularizó después de un par de días de pánico instalado especialmente en la clase media urbana. Ahora llevamos viviendo otro ejercicio de esta construcción comunicacional de desconfianza económica con el dólar.
Desde que despertamos hasta que dormimos, a diario lo que vemos y escuchamos es un ruido estridente y contaminante, ahí incluso los desinformadores y generadores de desconfianza más pronto que tarde saldrán perdiendo porque la estrategia que están siguiendo eleva más la respuesta de una sociedad que tiene miedo y enfado; y con esos sentimientos no se construye nada, se destruye lo que se tiene y el derrumbe nos alcanzará a todos.
Urge combatir la desconfianza con más información, no hay que cansarse de explicar las cosas, sin incluir consignas, sino incluyendo en todo momento enmarques comunicacionales fuertes, porque si se concentra la explicación solamente en lo técnico, eso encontrará en los generadores de desconfianza realidades alternativas que primero se posicionan desde el discurso de víctimas del poder y segundo, de ser los únicos depositarios de la verdadera verdad.
FUENTE:
LA RAZÓN
(09-03-2023)