Guerreros de Evo y de Arce, igual de perversos

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Las mutuas denuncias que se lanzan los evistas y arcistas respecto al uso de guerreros digitales para mentir, manipular y distorsionar la verdad deberían ser motivo de una profunda investigación, porque a estas alturas estamos ante un escándalo de grandes proporciones. El daño que estos funcionarios provocan no sólo a la oposición y a los medios independientes, sino a la democracia en su conjunto, es inconmensurable. Nos quieren hacer creer, desde ambos bloques, y particularmente desde el evismo, que sus respectivos guerreros digitales son los buenos, que son patriotas, que no cobran por sus servicios y que, por el contrario, los guerreros del bando opuesto son los mercenarios. La verdad es que todos tienen el objetivo de propalar mentiras y de imponer narrativas temerarias en la sociedad. La existencia de los guerreros digitales data del 2016, cuando Evo Morales instruyó la penetración del mundo virtual porque consideró que había perdido el referéndum del 21F por la propalación de mentiras sobre el caso Zapata en las redes sociales. Eran puras verdades, pero ese es otro tema. Luego, la estructura fue tomando cuerpo hasta convertirse en un monstruo de mil cabezas que va desde una unidad de redes sociales que funciona bajo las órdenes del Ministerio de la Presidencia, hasta búnkers de guerreros digitales desde donde se crea y difunde mensajes para desinformar a la población, pasando por jugosas consultorías y contratación de empresas intermediarias que se encargan de canalizar la publicidad a las redes sociales. Esa estructura, que ya era conocida en Bolivia, tuvo que ser descubierta por Meta, la casa matriz de Facebook, para que se armara por primera vez un debate profundo sobre el efecto nocivo de esta estrategia. Si bien Meta desactivó unas 1.600 cuentas, entre falsas y abiertamente manipuladoras, esta estructura sigue funcionando porque no son las únicas cuentas que hacen el trabajo sucio y porque si bien en un día se puede cerrar una cuenta, al mismo tiempo se pueden abrir otras 10. De hecho, la chequeadora Bolivia Verifica acaba de informar que detectó más de 100 cuentas que siguen activas desinformando a la población. Más allá de los perjuicios políticos, existen también daños económicos al Estado, porque está claro que estas estructuras han funcionado y siguen funcionando con dinero público. Meta, por ejemplo, detectó más de un millón de dólares de compra de publicidad con fines nocivos en Bolivia y nadie ha dicho de dónde ha salido ese dinero. Morales, por su parte, ha acusado a la viceministra Gabriela Alcón de estar recibiendo comisiones de la venta de publicidad a algunos medios para financiar a los guerreros digitales. El exministro de Gobierno Carlos Romero ha sido más específico y ha señalado a un canal de televisión, a una subsidiaria de Entel y a una empresa constituida como sociedad anónima. Alcón ha negados las acusaciones, pero eso no basta para archivar un caso. Alguien tiene que investigar si estas denuncias son ciertas, si existe daño al Estado y si se ha provocado una lesión a la democracia. Está claro que sí, que los guerreros han horadado los principios democráticos al difundir falsedades en las redes sociales. También está claro que no hay guerreros buenos y malos, que todos tienen una intencionalidad siniestra. Fueron instituidos para atacar a la oposición, a los medios y a los periodistas independientes desde el año 2016, por tanto, Morales no puede lavarse las manos ante la evidencia. Y, lo peor de todo es que el modelo fue replicado con la llegada de Luis Arce al poder o, de otra manera, Meta no hubiera encontrado la red de desinformación funcionando. Lo que sucede es que ahora, en medio de la crisis interna, los masistas sacan los trapitos al sol porque los guerreros ya no sólo atacan a la oposición, sino también al bando contrario del propio MAS. Por todo eso, es importante que la red de desinformación no quede impune, que se identifiquen a los responsables, que se establezca el daño económico y político y que, finalmente, se sancione a los culpables. Pedir peras al olmo no está demás de vez en cuando. Alguien tiene que investigar si estas denuncias son ciertas, si existe daño al Estado y si se ha provocado una lesión a la democracia. Los masistas sacan los trapitos al sol porque los guerreros ya no sólo atacan a la oposición, sino también al bando contrario del propio MAS.
FUENTE: PAGINA SIETE             (02-03-2023)