Un año en una guerra despreciable

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A kilómetros de kilómetros del lugar del conflicto, la vida parece transcurrir sin mayor alteración por esto lares. Sin embargo, hace exactamente 365 días que una región del mundo, un país entero, ha perdido, irremediablemente, la paz y, con ello, la perspectiva del mañana, las certidumbres y muchas cosas que en el día a día damos por hecho. Se trata de una guerra, pero más apropiado es llamarla una invasión. Rusia, un vecino siempre amenazante, con delirios expansionistas e imperiales, esgrimió la necesidad de “desmilitarizar” y “desnazificar” Ucrania al momento de entrar en su territorio, el pasado 24 de febrero de 2022. Sin embargo, lo hasta ahora visto derrumba estas razones: ni Ucrania albergaba armas –es más, había cedido su arsenal nuclear tras el Memorándum de Budapest a finales de 1994, a cambio de que se garantizase su recién adquirida independencia, apoyada por un 92,3% de los ucranianos- ni estaba dominada por tendencias nazis. Es el único país del mundo, además de Israel, que tuvo un primer ministro y un presidente judío (Volodimir Hroisman, de abril a agosto de 2019 y Volodomir Zelenski, desde 2020 hasta la fecha). Esto, sin mencionar que en las últimas elecciones parlamentarias la extrema derecha no obtuvo más del 2% de los votos. Pero las razones de Rusia, más precisamente de Vladimir Putin, su presidente hace más de 20 años, para arremeter contra Ucrania han quedado en segundo plano ante la evidencia de los estragos ocasionados por el conflicto. La guerra en Ucrania habría dejado 280 mil soldados muertos o heridos y 30.000 civiles fallecidos, así como daños en edificios civiles, como hospitales, escuelas y viviendas hasta ahora. Es mucho, pero lastimosamente no es todo: el aire, el agua y el suelo ucranianos se han contaminado con sustancias tóxicas debido a los ataques a infraestructuras, como refinerías, plantas químicas, instalaciones energéticas, depósitos industriales y oleoductos. Los incendios y derrumbes de edificios se suman al problema. La guerra está, además, impidiendo que los cereales salgan del “granero del mundo” (Ucrania fue el principal proveedor de trigo hasta antes de la contienda) y encareciendo los alimentos en todo el planeta, lo que amenaza con agravar la escasez, el hambre y la inestabilidad política en los países en desarrollo. En un mundo donde las desigualdades son cada vez mayores, la pobreza extrema es casi imposible de derrotar y existen millones de personas pasando hambre (aun sin estar en guerra), el gasto público en defensa en la guerra de Ucrania es escandaloso. El gasto militar en Europa y Rusia se disparó desde el periodo previo a la invasión de Ucrania (por parte de Moscú). En Europa, la situación ha forzado un rápido replanteamiento de las estrategias de defensa y ha llevado a una serie de países a prometer grandes aumentos de los presupuestos militares, descuidando todo lo demás. También ha allanado el camino para una posible ampliación de la alianza militar de la OTAN con el fin de incluir a Finlandia y Suecia, lo que es un hito para un militarismo que resulta siempre amenazante para la paz. ¿A dónde nos conduce esta guerra que está lejos de acabar? Los pronósticos han sido todos derrotados. Ni ha sido un expediente fácil para Rusia ni Ucrania está pudiendo doblarle el brazo a Vladimir Putin a pesar de su desangramiento y el apoyo global que recibe. La lectura política de este conflicto es un motivo más de polarización, y ha atrincherado a la demagogia de izquierda al lado de un Putin cada vez más autoritario y fascista; pero, ello no libra de culpas a los países que apoyan a Ucrania, que temen más por ellos que por quienes están en medio de las balas. Es difícil, aunque deseable, prever el final de esta contienda, pero es de esperar que eventualmente regrese la paz y que éste no sea el principio de proceso interminable con consecuencias desastrosas. Mientras tanto, que la fuerza y la valentía sigan del lado de quienes se ven obligados a defender su territorio o permanecer en su país en el peor de los escenarios que le toca a un ser humano: la guerra y la muerte.
FUENTE: PAGINA SIETE             (24-02-2023)