RIN: el tiempo de las vacas flacas

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Lo que fue motivo de tranquilidad y estabilidad para la economía boliviana en años de bonanza, se ha convertido en el espacio de la preocupación y angustia: las Reservas Internacionales Netas (RIN) han ido disminuyendo sin pausa hasta llegar a una cifra no vista desde 2003. Como se sabe, las RIN constituyen la seguridad de liquidez internacional con que cuenta un país para enfrentar contingencias y choques macroeconómicos adversos. Según datos del Banco Central de Bolivia, las Reservas Monetarias Internacionales del país alcanzan unos USD 4.753 millones, equivalentes al 12% del PIB y que “permiten cubrir seis meses de importaciones, por encima de la métrica tradicional internacional para evaluar el nivel mínimo de reservas con relación a importaciones establecido en tres meses”. Si se le suma la tenencia de oro valuada en USD 2.527 millones, las reservas internacionales de Bolivia totales ascienden a USD 6.752 millones. El Banco Central explica además que “invirtió las Reservas Internacionales manteniendo los criterios de seguridad, liquidez y diversificación, a través de inversiones de elevada calidad crediticia, garantizando la adecuada provisión de moneda extranjera en el país”. Sin embargo, con todo lo bien que pudo haberlo hecho el BCB y lo bien que el país sorteó las dificultades de la crisis pospandemia, lo cierto es que la disminución de estas reservas ha dejado de ser un dato más y la preocupación mostrada por el Gobierno en las últimas semanas no hace más que confirmar que ha llegado el momento de las vacas flacas en las arcas estatales. El Gobierno tenía proyectado sumar el año pasado $us 450 millones a las RIN, pero el 2022 acabó con $us 956 millones menos. La mayor pérdida se registró en las divisas, que bajaron de $us 1.648 millones en 2021 a 709 millones en 2022. Esto a pesar de que en 2021 y 2022 se registraron momentos positivos en los precios de algunos minerales que exporta el país y el grano de soya, que llegó a niveles no registrados en el pasado. Esta bajada ha llevado al Gobierno a ir, como lo dijo un analista económico, “a la caza de los dólares”, y es que los dólares, entre otras cosas, son necesarios para: 1) las compras de combustibles en el exterior para satisfacer los precios subsidiados con que se mantienen desde 2010; y 2) mantener los altos costos del Estado, que ya lleva años repitiendo cifras de déficit fiscal. Además, la falta de activos dificulta otras importaciones, posterga el pago de la deuda externa y deja sin garantía los créditos externos que busca el Estado boliviano. De manera que no es difícil entender por qué el Ejecutivo ha lanzado al menos cinco medidas para mejorar el nivel de las reservas: el bono remesa (para captar dinero en dólares pagando intereses en bolivianos); la Ley del Oro; la repatriación de divisas e inversiones de estatales y programación de retiros de bóveda del BCB; y, hace unos días, establecer un tipo de cambio diferenciado para exportadores. El BCB (a través del Banco Unión) podrá comprar dólares generados por el sector exportador privado a un tipo de cambio competitivo que será superior al promedio que ofrece el sistema financiero, dentro de los límites oficiales de compra y venta establecidos por el ente emisor. Con la medida, espera captar al menos unos 1.000 millones de dólares. Con todo, expertos y empresarios creen que son medidas insuficientes, y, lo que es peor, generan un efecto adverso, de volatilidad e incertidumbre en la población. Muchos han visto la última medida como una suerte de minidevaluación, pues el dólar ha subido casi automáticamente en la calle; por otro lado, crear tipos de cambio por sectores es una medida que ya ha sido probada, con dudosos resultados, en Argentina, donde conviven al menos tres tipos de precios del dólar. Lo que más bien se sugiere al Gobierno es controlar el gasto público, eliminar restricciones a exportaciones y mejorar las tasas de interés para ahorro en dólares para evitar que por resolver un problema termine empujando una cascada de otros peores. La preocupación mostrada por el Gobierno no hace más que confirmar que ha llegado el momento de las vacas flacas. Crear tipos de cambio por sectores es una medida que ya ha sido probada, con dudosos resultados, en Argentina.
FUENTE: PAGINA SIETE             (15-02-2023)