Ponerse en los zapatos del Presidente

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Los manifestantes urbanos han pedido amnistía al Presidente, pero no se ponen en sus zapatos. Si el presidente Arce decreta la amnistía, ¿cómo podrá enfrentar a los cientos de familiares de las víctimas de Senkata y Sacaba, más sus adláteres? Es como una agenda de octubre: que haya de una vez justicia en nuestro país. No la hubo desde la fundación de la república, al menos cuando el presidente Ballivián, tras la batalla de Ingavi, concedió un sinfín de hectáreas a un combatiente suyo, por supuesto blanco y chaqueño, sin importarle si se sobreponían a las tierras comunitarias de los originarios, como ocurrió durante las leyes de exvinculación de tierras o en los 20 años que gobernó el Partido Liberal, que despojaron a las comunidades de originarios de sus tierras. Los militantes del Partido Liberal eran en general pobres, pero el presidente Montes acabó adueñándose de la península de Taraco, tierra fértil del lago Titicaca, que pertenecía a los originarios. Y el general Camacho, jefe de ese partido, resultó dueño de un castillo encima de la gruta de Obrajes. Varios despojos en los cuales la sociedad de hacendados hizo de la vista gorda. La memoria corta arranca de la Masacre de 1940, donde murió María Barzola. Nunca se supo quiénes eran los autores intelectuales de esa masacre, como no se supo quien había ordenado y ejecutado las masacres de San Juan, Tolata y Epizana, que gozaron del manto de la impunidad. Tuvo que actuar la justicia popular, cuando ejecutaron a quien comandó la masacre de San Juan y lo depositaron en la puerta de su casa descuartizado y en una maleta. Incluso nadie supo cómo murió el coronel Andrés Selich, un coronel cruceño desapacible que acabó cayendo a un patio del Ministerio del Interior, donde le habría estallado el hígado, cuando la opinión pública sabe que este noble órgano está rodeado de una musculatura resistente y que solo un puntazo o un culatazo podría hacerlo estallar.
FUENTE: OPINIÓN             (31-01-2023)