Ya no tiene sentido mantener a Diremar

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Con el antecedente de dos derrotas históricas sobre sus espaldas, la de los juicios por el mar y por el recurso hídrico del Silala, se abrió el debate sobre la pertinencia o no de cerrar la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima (Diremar), creada en 2011 mediante decreto 834 con el objetivo de, entre otras cosas, representar legalmente al Estado en litigios internacionales como los que se ventilaron en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. Con el papel que desempeñó, la balanza se inclina por la idea de cerrar esta dependencia, que cada año le cuesta millones al Estado. En ello coinciden legisladores del oficialismo y de la oposición, y tienen toda la razón. Diremar se aplazó, pero no sola, sino de la mano del aparato diplomático que desprecia la profesionalidad, y de los impulsos personales del expresidente Evo Morales que llevaron al país a enfrentarse en estrados judiciales internacionales. El ejemplo más claro es lo que ocurrió en 2019, cuando la entonces subsecretaria de Relaciones Exteriores de Chile, Carolina Valdivia, enterada de que Bolivia había aceptado que el Silala es un río internacional, tal como sostenía la tesis chilena, envió al Gobierno una carta, con un preacuerdo, para encaminar una negociación que evite los costos que representaba la fase de alegatos en el juicio. La propuesta era muy parecida al fallo que se conoció el pasado viernes en La Haya. La carta no fue respondida, el juicio siguió y en los próximos tres años Diremar destinó a la Dirección de Defensa del Silala un total de 20 millones de bolivianos, según consta en tres rendiciones de cuentas públicas de esa misma institución. Ese monto no toma en cuenta el pago al equipo legal internacional. El costo total de la defensa del Silala es desconocido, pues desde el inicio del proceso -en 2016- éste se consideró un tema de Estado y por lo tanto restringido. Ya en su conjunto, Diremar recibe un presupuesto promedio anual de 17 millones de bolivianos y la mitad, o más, se destina al pago de salarios, por lo que resulta ser una buena fuente de empleos para los cuadros del oficialismo. Pero lo que el país necesita no son fuentes de empleo para militantes del oficialismo, sino dependencias eficientes que al menos eviten papelones como el que vivió el país en el caso del Silala, dando la razón a los argumentos de Chile en medio del proceso internacional, luego de haber hecho creer por años a los bolivianos que el país era dueño único de ese recurso hídrico. Ahora está en manos del presidente Luis Arce mantener esa estructura o cerrarla y dejar que la Cancillería se ocupe de esos asuntos, tal vez mediante una dirección. Ésa sería la mejor opción para una dependencia que, además del gasto anual, sólo nos trae malos recuerdos.
FUENTE: PAGINA SIETE             (05-12-2022)