Cara a Cara
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Bolivia es una especie de paraíso de importación, exportación y uso de mercurio. Sí, de ese metal tan tóxico que contamina los ríos y que se utiliza para la explotación de oro. En 2013 se firmó el Convenio de Minamata en el marco de Naciones Unidas, su objetivo es proteger la salud humana el medio ambiente de las emisiones y liberaciones de mercurio. Desde ese año, en Bolivia ha subido a gran escala la compra del metal y la venta a bolivianos, peruanos y a quien quiera, especialmente para la explotación ilegal de oro. La información está en una investigación de Ojo Público, publicada en EL DEBER.
Bolivia es país signatario del Convenio de Minamata, pero nadie controla el uso de mercurio. En el norte paceño hay decenas de dragas gigantes que sacan el oro, tributan una misera o nada y además llenan de sustancias tóxicas el agua. Lo mismo pasa en el este cruceño. Además, ya se ha denunciado la contaminación del Pilcomayo y otros ríos bolivianos por mercurio. El Gobierno se apresuró a desmentirlo. Pero la salud de los que habitan las riberas en Tarija, Chuquisaca y Potosí saben que el agua está envenenada y que ya causa problemas a la salud humana.
Hay descontrol en todo el circuito, desde la importación del metal hasta su uso indiscriminado e irresponsable. Al Gobierno, que se jacta de que Bolivia es referente mundial por la baja inflación, habrá que decirle que el país también es famoso por contaminar el planeta. Mientras tanto, las autoridades responsables miran de palco o, quizás, vuelcan la cabeza para dejar que todo pase impunemente.
FUENTE:
EL DEBER
(28-11-2022)