El país ideal salido de un discurso
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En el reino ideal, no hay un conflicto por la fecha del censo de población y vivienda, no hay una región que lleva 18 días en paro, no hay una economía nacional que sufre las consecuencias de ese paro, no han asesinado a Julio Taborga y no han intentado linchar al periodista Mario Rocabado.
En ese país no existe déficit fiscal, las reservas internacionales no han caído hasta límites peligrosos, el alto costo de la subvención a los combustibles no representa un problema y nadie ha prohibido exportar productos alimenticios.
En este país salido de un discurso, la justicia no está podrida, la corrupción no ha entrado al Gobierno y el narcotráfico no es una preocupación nacional.
Este excepcional país informa que ha suscrito un convenio con el principado de Liechtenstein, pero nadie explica por qué ha apoyado la guerra de Rusia contra Ucrania o por qué ha respaldado los autoritarismos de Nicaragua y Venezuela.
Lo único discordante, en este país de maravillas, es que unos cuantos enajenados del llano buscan desestabilizar al máximo gobernante, pero éste tiene un poder denominado 55% que no permitirá que aquello ocurra.
El país descrito es digno de admiración internacional y objeto de estudio de la academia, porque no se ha visto en el universo otro que haya sido capaz de lograr una inflación tan baja y un crecimiento tan alto.
El gobernante de este país acaba de cumplir dos años en el poder y, como manda la Constitución, ha concurrido a la Asamblea Legislativa para presentar su informe anual. Durante dos horas y media ha hablado el mandatario, de tanto en tanto, aplaudido por dos efusivas barras, una de movimientos sociales y otra de ministros, que con las manos en alto celebraban cada cifra económica como si de una secta dando alabanzas se tratara.
Estos elementos que bien pudieron salir de un libro de cuentos, son las omisiones del discurso del presidente Luis Arce, que, durante su informe a la Asamblea Legislativa, ha hecho un repaso detallado por los que él considera logros de su gestión, pero ha olvidado citar los temas más polémicos del país.
Respecto al censo, si bien hay una comisión que analiza la fecha del mismo, bien pudo el mandatario tomar una decisión política para cortar de cuajo el conflicto. Por el contrario, prefirió atacar nuevamente. “Algunos grupos quieren volver a desestabilizarnos, estoy seguro que la organización, movilización y consciencia de un pueblo que avanza, que quiere trabajar y que quiere seguir creciendo, vencerá todo este tipo de adversidades”, dijo en alusión a los líderes cruceños.
Agregó que “los que sembraron odio, racismo y confrontación entre hermanos no nos arrancarán los sueños ni mucho menos nuestra firme determinación de seguir trabajando por mejores días”.
El presidente Arce evidentemente tiene logros importantes para mostrar, como el crecimiento del 4,1%, la inflación del 2,52% hasta septiembre, aunque a costa de las subvenciones, y unas exportaciones récord de 10.600 millones de dólares.
Sin embargo, el país también enfrenta asuntos cruciales sin resolución, como la crisis desatada en Santa Cruz, la reforma judicial pendiente e incluso la crisis interna del partido oficialista, que probablemente esté dejando a Arce sin mayoría parlamentaria luego de la recomposición de las directivas.
Por lo demás, el discurso fue un recuento minucioso de lo que hizo cada uno de los ministerios, pero con un detalle que se puso tedioso y que los aplaudidores se encargaban de matizar con admirable sincronía.
En una situación como la actual, lo que hubiera correspondido, además de presentar los logros de la gestión, es un mensaje de encuentro y de reconciliación, pero el Presidente ha preferido apostar por más confrontación. Está claro que él no ve un problema auténtico en Santa Cruz, sino a unos enemigos que quieren quitarle el poder y a los que se ha propuesto aplastar.
La apuesta es arriesgada porque el conflicto de Santa Cruz no es únicamente de sus líderes, es también de la gente que siente menosprecio por su lucha y es también del resto del país que ha empezado a sentir los efectos en la economía. Asfixiar a Santa Cruz puede ser para el presidente Arce como darse un tiro en el pie.
Lo único discordante, en este país de maravillas, es que unos cuantos enajenados del llano buscan desestabilizar al gobernante.
Está claro que él no ve un proble-ma auténtico en Santa Cruz, sino a unos enemigos que quieren quitarle el poder.
FUENTE:
PAGINA SIETE
(09-11-2022)