Sordos y violentos
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Si porque un ciudadano boliviano murió en los enfrentamientos, el Gobierno y la dirigencia cívica han sido capaces de ceder un ápice en sus posiciones para poner punto final a este absurdo conflicto que enfrenta, no sólo a los cruceños, sino al país en su conjunto, por una fecha que varía con cinco a seis meses entre una propuesta y la otra.
Mientras se desarrollaba el primer día de paro indefinido en Santa Cruz, ambos actores acudieron al diálogo que se desarrolló en tres tiempos en la jornada del sábado, pero olvidaron llevar su sentido del oído. Se impuso la total sordera de uno y otro lado.
Los integrantes del comité interinstitucional cruceño mantienen firme su demanda de pedir la abrogatoria del decreto que fija el censo para el 2024, mientras que el Gobierno se niega a tocar ese decreto y sólo ofrece emitir otra norma complementaria que no establezca ninguna fecha y que deje la decisión final para más adelante. Esto quiere decir que el Gobierno está únicamente interesado en lograr la suspensión del paro, pero sin retroceder en sus planes de hacer el censo el 2024.
La dirigencia, que se escuda en las resoluciones del cabildo, afirma que esa propuesta es una burla para el pueblo cruceño porque éste ha dado un mandato de que el censo debe realizarse el 2023.
Como decíamos, solo algunos meses separan a una propuesta de la otra, pues el Gobierno, antes de que empezara el paro propuso llevar el censo para abril de 2024 y empezar a repartir los recursos con base en la nueva demografía en octubre del mismo año con datos preliminares, sin embargo, esta última propuesta es poco creíble porque todo cambio legislativo se hace con resultados finales.
Al margen de eso, hay que recordar que por ley en Bolivia debe realizar un censo cada 10 años y, tomando en cuenta que el último fue en 2012, la consulta debía ser de inmediato o lo antes posible.
La dirigencia cruceña tiene, entonces, las razones legales de su lado, pero el cálculo político hace que el Gobierno se niegue a cumplir la ley. Harían bien los enviados del presidente Luis Arce y los representantes cruceños en ceder tres meses cada uno para encontrar una fecha de consenso y evitar la confrontación entre bolivianos.
Mientras los diálogos fracasan, mientras la intransigencia se impone, mientras los deseos de sentar autoridad guían las decisiones, la violencia va ganando terreno en las calles y en la carretera.
Julio Pablo Taborga murió en el inicio del paro en la frontera con Brasil en el enfrentamiento entre bloqueadores y desbloqueadores. Su esposa culpa a los grupos cívicos de haberlo golpeado hasta causarle la muerte, mientras que los hermanos dicen que los masistas lo obligaron a ir a bloquear para no perder su condición de funcionario municipal de Puerto Quijarro.
Sin importar en qué bando estaba peleando, la muerte de este ciudadano boliviano es el mayor fracaso de los líderes de uno y otro bando. No perdieron una pelea política, señores negociadores, perdieron una vida.
No faltan los líderes del oficialismo que achacan el muerto a los cívicos y ya hablan de sancionar a los responsables, pero olvidan que fueron ellos mismos quienes llamaron a sus bases a defender al Gobierno, que organizaron un cabildo en el que resolvieron movilizarse para desbloquear calles y carreteras. Además de sordos, ahora quieren hacerse los ciegos ante sus propias acciones.
Fácil es para el Gobierno sacar a civiles a enfrentarse con otros civiles porque de esa forma culpa de los sucesos al bando contrario. El desbloqueo usando la fuerza pública, en cambio, haría responsables a las autoridades, por eso prefieren enviar a sus funcionarios y movimientos sociales como carne de cañón.
Los enfrentamientos también sucedieron en la ciudad de Santa Cruz, donde un grupo oficialista autodenominado “pacificadores”, arremetió contra los periodistas, a quienes les golpearon, les quitaron sus celulares y cámaras, para evitar la cobertura de los desbloqueos.
Los sucesos de Santa Cruz muestran que los protagonistas del conflicto son sordos y violentos y es de esperar que, aunque tarde, vuelva el diálogo, pero esta vez con oídos abiertos.
Harían bien los enviados del presidente Luis Arce y los representantes cruceños en ceder tres meses cada uno.
Sin importar en qué bando estaba peleando, la muerte de este ciudadano boliviano es el mayor fracaso de los líderes.
FUENTE:
PAGINA SIETE
(24-10-2022)