El apartheid de los no vacunados
Asistencia a grandes conciertos, a partidos de fútbol, a eventos públicos, fiestas, etcétera sólo es posible presentando certificado de vacuna contra el covid; en algunos Gobiernos Municipales se ha obligado a sus servidores públicos a vacunarse; otros han llegado más lejos, sólo podrán ingresar a hacer trámites municipales los vecinos vacunados. El fenómeno es mundial. El “demócrata” Joe Biden ha dicho con un tono fascista: “Esta pandemia es de los no vacunados”. El mundo - Bolivia también - parece estar dividido en vacunados y no vacunados. Todos los esfuerzos por superar las odiosas distinciones que venían del pasado (por ejemplo entre creyentes e infieles; entre hijos legítimos y naturales; o entre migrantes legales e ilegales) han quedado hechos trizas con esta nueva diferencia abierta, descarada, que algunos medios de comunicación y autoridades enarbolan.
En Bolivia nadie menciona que la vacuna contra el covid tiene un carácter voluntario. Así está establecido taxativamente por el artículo 15 la Ley 1352 de Emergencia Sanitaria: “La inmunización tendrá carácter voluntario y se aplicará previo consentimiento informado”. Paradójicamente los políticos que dicen luchar por la libertad y la democracia, parecen olvidar que en una democracia la ley es la que impera y no los caprichos de alguna autoridad o de algún opinador. Pero no solo eso, la Constitución Política (artículo 44) dispone que a nadie se le puede obligar a recibir tratamiento médico o exámenes de laboratorio sin su consentimiento, y menos ser sometido a experimentos científicos (las vacunas tienen hoy carácter experimental). Adicionalmente hay que mencionar que ningún ciudadano está obligado a responder sobre su condición de salud, la intimidad del paciente está garantizada por el artículo 13 de la Ley 1331; los médicos lo saben bien porque esta ley regula el ejercicio de su profesión. Entonces cuando alguien pregunta si uno está vacunado o no, está violando esta ley desconociendo un derecho individual, al igual que si alguien nos preguntara si padecemos de una enfermedad antes de dejarnos ingresar al estadio, al cine o a un restaurante.
El asunto no es menor: amenaza destruir las conquistas de los derechos fundamentales, herencia del racionalismo, la Ilustración y el positivismo jurídico, en favor de impulsos tan primarios como el miedo, la obsesión o el odio. Si esta práctica se extiende no sólo no se podrá viajar si uno no está vacunado, sino que también se podrá perder un empleo o no se podrá aspirar a conseguir uno (negación del derecho al trabajo); no se podrá asistir a centros universitarios o de enseñanza en general (negación del derecho a la educación); menos de diversión o esparcimiento (algo que ya está aconteciendo). Los más exaltados están pidiendo que a los vacunados no se les deje entrar a supermercados (negación del derecho a la alimentación y a la vida). El delirio termina “proponiendo” que si alguien no vacunado enferma - de covid o de lo que fuera - no debería ser recibido en los centros de salud. ¿En qué momento la Razón se vino abajo? De repente parece que la humanidad retornó a la Edad Media, cuando a los herejes se les negaba todo, hasta el darles sepultura. O a su versión moderna, el Tercer Reich. ¿No suenan acaso parecidas estas medidas y estas sugerencias contra los no vacunados a los ghetos? De hecho, los manifestantes en Francia contra la obligación de vacunarse han salido a las calles con una estrella de David pegada a su ropa. ¿No estamos en presencia de un verdadero apartheid?
Los detestables letreros que solían aparecer a la entrada de restaurantes, hoteles y centros de diversión: “Se reserva el derecho de admisión” han resurgido con descaro y con mayor fuerza. Los costosos avances de diez años de vigencia de la Ley 045 se vinieron abajo de la noche a la mañana, olvidando que su artículo 5 prohíbe toda forma de discriminación, incluyendo razones de salud, religiosas, políticas, filosóficas e ideológicas. Y la CPE consagra el respeto de creencias y cosmovisiones: entonces creer en el karikari o en el hombre lobo tiene el mismo valor que creer en la resurrección de Cristo, debiendo, por tanto, respetarse y tolerarse todas ellas.
Erick San Miguel Rodríguez es abogado.
FUENTE:
PAGINA 7
(28-07-2021)